Adán Cortés Salas, el joven mexicano expulsado de Noruega tras manifestarse por la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa durante la ceremonia de entrega del Premio Nobel de la Paz, salió por la puerta de llegadas internacionales de la Terminal Uno del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, procedente de Fráncfort, Alemania.

Además de un nutrido grupo de familiares, entre sus padres, hermano, tías y primos, a quienes abrazó de inmediato, algunos jóvenes recibieron al estudiante de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México entre aplausos, goyas y gritos de ¡No estás solo! y ¡Ayotzinapa somos todos!

“No voy a regresar –dijo– a un lugar donde sé que mi propia seguridad corre riesgo. No quiero ser un estudiante más que desaparezca o que aparezca muerto y que el gobierno diga que fue el crimen organizado”, dijo el joven.

El estudiante de Relaciones Internacionales de la UNAM reiteró que no se arrepiente de haber protestado en la ceremonia del Nobel de la Paz, donde, con la bandera de México ensangrentada, pidió a Malala Yousafzai, una de las galardonadas, no olvidarse de México.

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