Estonia es a partir del jueves la primera antigua nación soviética que legaliza el matrimonio entre personas del mismo sexo.

Simultáneamente Kirguistán, otra exrepública soviética, a miles de kilómetros al este, considera una legislación contra los homosexuales.

Las medidas paralelas reflejan los caminos opuestos adoptados por naciones que fueron parte del enorme imperio soviético.

En Estonia, los legisladores aprobaron con 40 votos a favor y 38 en contra una ley que reconoce las uniones civiles de todas las parejas independientemente del sexo. Veintitrés legisladores estuvieron ausentes o se abstuvieron en la tercera y última lectura del proyecto.

La nueva ley otorga a esas uniones civiles casi los mismos derechos que a las parejas casadas, inclusive los beneficios financieros, sociales y de salud suministrados por el gobierno, además de protección legal para los niños. No les da derecho de adopción, pero permite que uno de los dos adopte el hijo biológico del otro.

La ley entrará en vigencia en enero de 2016 después que la firme el presidente Toomas Hendrik Ilves, que la apoyó.

El Centro Estoniano por los Derechos Humanos calificó el voto de “histórico” y dijo que enviará un mensaje enérgico a la vecina Rusia, que el año pasado aprobó lo que calificó de “ley draconiana antihomosexual”.

“Estonia dio un paso más hacia una sociedad más libre, más equitativa y con derechos humanos para todos”, afirmó el director del grupo, Kari Kasper.

En contraste con Estonia, los legisladores de Kirguistán, una nación del Asia central a tres mil 500 kilómetros (2.170 millas) al este, inició el estudio de una ley que castigaría la “propaganda” homosexual con penas de hasta un año de cárcel.

Los activistas locales consideran el proyecto una copia de una ley rusa adoptada el año pasado que prohíbe la propaganda a los menores de “relaciones sexuales no tradicionales”.

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