Los migrantes que llegan a Estados Unidos enfrentan muchos problemas en su ruta hacia un mejor destino, pero también al arribar a territorio estadounidense encuentran diversos obstáculos; sin embargo, siempre hay alguien dispuesto a tenderles la mano, como el caso de una mujer de Nicaragua, que publica The Associated Press.

El teléfono celular no para de sonar y Nora Sándigo mira la pantalla y dice: “Tengo que atender, es algo urgente. Una familia que está a punto de quedar dividida porque van a deportar al padre”.

Escucha atentamente a la mujer mexicana y le explica que apenas termine con la entrevista acudirá a encontrarse con ella y sus hijos al frente de un centro de detención de inmigrantes del sur de la Florida, donde el hombre permanece detenido.

Pocos minutos después llama otra inmigrante de Honduras que pide ayuda para presentar una solicitud de extensión de su estatus de protección temporal, apenas unas horas antes de que venza el plazo. Casi al mismo tiempo, en la puerta de la casa donde Sándigo tiene un hogar de ancianos, los hermanos cubanos Juan y Lourdes Salomé le agradecen una caja con pollo congelado, frijoles secos, jugos y otros alimentos que la activista les ha regalado.

“Mis prioridades son más del corazón que materiales. Es para mí muy importante poner por lo menos un granito de arena”, expresó Sándigo, de 49 años, más conocida como “Norita”.

En el pasado llevó su voz para auxiliar a los inmigrantes hasta los expresidentes Bill Clinton y George W. Bush. “Es una curita para tratar de tapar una herida tan enorme que necesita atención, tratar de animar a otros a unirse a mis esfuerzos para que un día se consigan las cosas”.

Desde hace 26 años, la activista ayuda a la comunidad de inmigrantes del sur de la Florida y es un referente para las familias hispanas pobres y de las que han quedado divididas, especialmente de aquellas con niños nacidos en Estados Unidos que al menos tienen uno de sus padres deportados.

Muchas de estas familias no quieren que sus hijos se vayan a vivir al país de sus padres y designan a Sándigo como guardiana legal de los chicos para que ella proteja sus intereses en Estados Unidos en caso de que ambos progenitores sean deportados. Para los niños esto significa que pueden quedarse viviendo aquí con familiares o amigos sin temor a que el estado les designe una familia sustituta o los de en adopción.

Sándigo, que tiene dos hijas adolescentes y recientemente ha sido premiada como “Héroe del año” por la revista People por su generosidad y altruismo, calcula que más de 130 mil inmigrantes han acudido en busca de su ayuda desde finales de los años 80, cuando llegó a Miami huyendo del sandinismo de su Nicaragua Natal.

En un pequeño cuarto guarda casi escondidos los expedientes de más de 800 niños de los que es guardiana legal, sus partidas de nacimiento, fotos, y autorizaciones y antecedentes de los padres. La mayoría, dice, son de México, Centro y Sudamérica.

A muchos de esos chicos no los conoce pero sus padres confían en que podrá ayudarlos si ellos son deportados; a otros los ayuda con alimentos, útiles escolares, o ropa.

“Son mis hijos. Yo me siento responsable por ellos, de la misma forma que soy responsable de mis hijas”, expresó la activista refiriéndose a los niños que tiene bajo su custodia. “Tengo padrinos, ángeles guardianes que me ayudan porque yo no tendría dinero para pagar todo esto”, explica la mujer, en cuya casa vive también una adolescente cuyos dos padres fueron deportados.

La activista dijo que cuenta con la ayuda de abogados de inmigración que se ofrecen a atender a los inmigrantes de manera gratuita, y de empresarios locales que apadrinan a algunas familias y contribuyen con dinero para pagar la renta, la luz y otros servicios, y alimentos para las familias necesitadas.

La historia de Sándigo es la de muchos inmigrantes o niños que llegan o quedan en Estados Unidos sin familia.

Salió de su país rumbo a Venezuela a los 18 años y sus padres se quedaron en Nicaragua. Tras pasar por Francia, llegó a Miami a los 22 años, junto a su hermano mayor, sin saber inglés ni conocer a nadie.

En el aeropuerto conoció a una señora que les ofreció hospedarlos en su apartamento de un dormitorio la primera noche. Estuvieron allí tres noches, hasta que rentaron un departamento, y una semana después estaba trabajando en la misma organización de ayuda a inmigrantes a la que había acudido para que la ayudaran con su trámite de asilo político.

La guatemalteca Lucía Quieg vive sola en el sur de la Florida con sus cinco hijos de entre 15 y dos años desde que su esposo fue deportado por segunda vez, tras ser detenido por manejar sin licencia en 2011. Al igual que muchos inmigrantes que están ilegalmente en el país, teme que sus hijos puedan quedar solos, pero confía en que si eso sucediera Sándigo cuidará de ellos.

“Ella se preocupa mucho por la comunidad, cómo ayudar a las familias”, dijo Quieg, de 36 años, quien vive en Estados Unidos desde 1993 y recibe ayuda de Sándigo y sus allegados para pagar la renta y los alimentos. “Sin su ayuda sería más duro, tendría que dejar a mis hijos para salir a trabajar”.

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