“Recibimos noticias de algunas de ellas, pero otras están desaparecidas y no sabemos si están vivas o muertas”, les contó recientemente a investigadores de la organización de defensa de los derechos humanos Amnistía Internacional en la zona.

A Ezdin, abogado de profesión, le costaba retener las lágrimas al hablar de sus seres queridos, que no lograron escapar de la violencia que acompaña el avance de los militantes en el norte de Irak.

Amnistía acusó al EI de llevar a cabo una limpieza étnica de proporciones “históricas” contra las minorías religiosas en la provincia de Nínive, en un informe publicado esta semana.

“Quizás miles”

Las mujeres de la familia de Ezdin son sólo una parte de las víctimas yazidíes del Estado Islámico, entre las que hay también cristianos, turcomanos y chiítas.

Aunque no es fácil obtener información sobre el terreno, la organización de derechos humanos estima que “centenares, quizás miles” de mujeres y niños están en manos de EI. Algunas han logrado contactar con sus familiares y estos han transmitido los relatos de violaciones y abusos sexuales a los investigadores.

Tras ser secuestradas a principios de agosto en aldeas situadas al sur del Monte Sinjar, donde residentes armados se enfrentaron con el EI, están retenidas en distintos lugares de Mosul y Tal Afar, al noroeste de Irak.

Su situación es desesperada. Hay acusaciones de que las adolescentes y las mujeres jóvenes son sometidas a violaciones o matrimonios forzados con los combatientes. Otras son vendidas como esclavas.

“Hemos recibido informes de la ejecución de mujeres y otros informes no verificados que indican que cientos de mujeres y niñas han sido secuestradas. Muchas de las adolescentes han sido asaltadas sexualmente y las mujeres han sido entregadas o vendidas a combatientes de EI como malak yamiin o esclavas”, dijo la relatora especial sobre violencia contra la mujer de Naciones Unidas, Rashida Manjoo.

El Observatorio Sirio de Derechos Humanos, una ONG con sede en Reino Unido, confirmó que al menos 27 mujeres yazidíes fueron vendidas por un total de US$1.000 a los combatientes del Estado Islámico.

Según la organización, algunos sirios y kurdos intentaron comprarlas para liberarlas, pero los secuestradores sólo aceptaron venderlas a los yihadistas.

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