Ella en Estados Unidos era una profesora de 34 años, casada, que tenía cuatro hijos, se enamoró de su alumno de 12 años. Tuvieron sexo y pagó con siete años de cárcel y, al salir, se casó con él y formaron un hogar en el que tuvieron dos niñas. Ahora se divorcian, pero no precisamente por falta de amor. Una historia de novela.
El presidente francés, Emmanuel Macron, y Brigitte, su esposa, se conocieron en Amiens cuando él tenía 15 años y ella, su profesora, tenía 40. Se enamoraron y, contra los deseos de los padres de Macron que lo enviaron a París para alejarlo, este juró regresar para casarse con ella. Años después cumplió su palabra y, hoy, marido y mujer habitan el Palacio del Elíseo. En vez de evitar hablar de su diferencia de edad, señalan la doble moral sexista según la cual si él fuera el más viejo de la relación no habría novedad.

Pese a las polémicas que este amor presidencial ha generado, palidece frente a otro que fue noticia esta semana entre una profesora y su pupilo en Seattle (Estados Unidos). Mary Kay LeTourneau, una atractiva profesora, esposa y madre de cuatro hijos que en 1997 tenía 34 años, renunció a su carrera, a su matrimonio, a su hogar y a su libertad por un joven de 13 años, del que se enamoró perdidamente y del cual abusó sexualmente.

LeTourneau conoció a Vili Fualaau cuando este tenía 8 años y asistía al colegio en el que ella enseñaba. Años después, en 1996, Fualaau se convirtió en su pupilo en sexto grado y algo en él la embrujó. Sus rasgos samoanos y su forma de ser la abstraían de su realidad, de su edad y de las expectativas asociadas a alguien de su clase y de su raza. Y el latigazo fue recíproco. Fualaau, adolescente, se propuso meterse en el corazón de su maestra con palabras y detalles que día a día le hacía llegar. Finalmente, el joven se cansó del juego y le propuso a su maestra un affaire. Confesó que la veía como una rubia angelical, salida de Hollywood y que algo tenía que hacer al respecto.

Mary Kay pudo haberlo rechazado, pero accedió maravillada, pues según ha dicho lo veía como un hombre. Y apenas lo llevó a la cama su vida se partió en dos. Mientras trataba de atender sus obligaciones familiares y profesionales daba rienda suelta a un tórrido romance con un niño con el que tenía sexo sin protección, y de quien quedó embarazada. Cuando su marido, sospechoso por la advertencia de un amigo, encontró entre sus posesiones una carta de amor que le escribió al joven Fualaau, la denunció ante las autoridades dando rienda suelta a un escándalo a la medida de los medios estadounidenses.

LeTourneau dio a luz a la pequeña Audrey (su quinto hijo, hoy de 19 años) y luego fue a juicio. Aceptó los cargos en su contra por abuso sexual infantil en segundo grado. Recibió una condena de seis meses, que fue reducida a tres con la condición de no entrar en contacto con el menor. Pero la tentación fue demasiada y recayó. La Policía encontró a LeTourneau, y Fualaau teniendo relaciones sexuales en un auto. Esto le significó una condena de siete años y medio de cárcel. Y por segunda vez quedó embarazada, pero esta vez dio a luz a Georgie, su segunda hija, tras las rejas.

Fue un periodo duro para ambos, Fualaau admitió sufrir de profundas depresiones por no poder hablar con su amor. Pero la pareja, separada, sobrevivió al estigma, al prejuicio y a la cárcel. Una vez Mary Kay salió libre en 2004 retomaron su romance y un año después se casaron. Armaron un hogar con sus dos hijas en Seattle. En 2015, en su décimo aniversario de bodas, abrieron sus puertas a Barbara Walters, la periodista de la CBS, y mostraron cómo el amor había sido fundamental en mantenerse juntos y darles una buena vida a sus hijas.

La semana pasada parecía que esta extraña historia de amor había llegado a su fin cuando se supo que Fualaau, ahora de 33 años, pidió el divorcio. Pero, al parecer, el hecho obedece simplemente a un formalismo. El samoense quiere vender cigarrillos de marihuana y, para evitar contratiempos legales, le conviene más no tener una relación con su mujer, plagada de antecedentes judiciales. “Esto no cambia nada. Aún la amo con todo mi corazón”, sentenció Fualaau.

Lo que sorprende de esta historia es que un escandaloso romance haya terminado en una novela de un amor prohibido con un final feliz. Por ahora.

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