El Papa Francisco lamentó la existencia de envidias, celos y antipatías en la Iglesia Católica, tras reconocer que esa institución está formada por pecadores, pero “es santa” porque fue fundada por Jesucristo.

El Pontífice encabezó la audiencia general de los miércoles ante miles de personas congregadas en la Plaza de San Pedro del Vaticano, pese al tórrido calor del verano romano.

Estaba previsto que la catequesis semanal se realizase en el Aula Pablo VI, el auditorio cerrado más grande del Vaticano con capacidad para unas ocho mil personas, pero el excesivo aflujo de peregrinos obligó el cambio de lugar.

Antes de dirigir su mensaje a la multitud, el Papa realizó un largo recorrido por la plaza a bordo del papamóvil y en un momento hizo una parada para tomar un mate, la bebida típica argentina que le acercó un feligrés.

“Los pecados contra la unidad no son sólo las herejías o los cismas, sino también las cizañas más comunes de nuestras comunidades: envidias, celos, antipatías. Esto es humano, pero no es cristiano”, dijo en su reflexión dedicada al tema de la Iglesia.

Advirtió que la división en una comunidad cristiana, en una parroquia o en una asociación, es un “pecado gravísimo” porque “es obra del diablo”.

“La Iglesia es santa porque está fundada en Jesucristo”, estableció, pero aceptó que, al mismo tiempo, “está formada por pecadores, todos nosotros, pecadores, que experimentamos todos los días de su fragilidad y sus miserias”.

Por eso pidió perdón por todas las veces en las cuales los católicos fueron ocasión de divisiones e incomprensiones.

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