El supermercado alemán que vende alimentos que se iban a tirar y deja que el cliente decida el precio

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Luchar contra el desperdicio de comida se ha convertido -o debería convertirse- en una de las batallas principales de la industria alimentaria, los gobiernos y la sociedad. No se trata sólo de uno de esos propósitos vacíos que suenan bien, sino que los datos son realmente alarmantes: una tercera parte de la comida que se produce en el mundo acaba en la basura.

Sólo hay que cruzar esas miles de toneladas de desperdicios que se generan desde la producción hasta el consumo final en los hogares con las cifras de falta de alimentos en medio mundo para sacar conclusiones. Según datos de la FAO, recuperando sólo una cuarta parte de toda esa comida, se podría alimentar a 900 millones de personas.

Por ahora los gestos son pequeños, pero muy significativos. Mientras en muchos países de Europa el tema ocupa titulares a menudo, algunos han decidido ir un paso más allá. Si hace unos meses recogíamos la iniciativa de un supermercado danés que vendía productos caducados, ahora es un comercio alemán el que se apunta a este tipo de medidas.

Se trata de The Good Food, una tienda de Colonia que vende productos que, de otro modo, iban a acabar en la basura. Es, según informa The Guardian, del tercer supermercado en Europa que adopta este tipo de política.

En las estanterías de la tienda se pueden encontrar desde alimentos frescos que ya no lucen un aspecto óptimo -pero se pueden consumir perfectamente- hasta productos envasados que han pasado su fecha de caducidad.

“La fecha de consumo es sólo una sugerencia, en realidad duran mucho más”, recuerdan los promotores de este original supermercado. Y no les falta razón, porque la clara diferenciación entre la fecha de consumo preferente y la de caducidad es una de las tareas pendientes de la administración para reducir el desperdicio de alimentos.

Pero la venta de este tipo de productos no se trata de la única peculiaridad de The Good Food. Y es que este supermercado alemán tampoco tiene precios fijos, sino que deja en mano de cada cliente decidir lo que quiere pagar.

Otro gesto -explican los responsables del proyecto- con el que pretenden concienciar a los consumidores, no sólo sobre el desperdicio de comida, sino también para dar una visión más global sobre el consumo sostenible. Dos temas directamente relacionados y que siguen sin estar en un lugar destacado en la agenda política de la mayoría de países.

Fuente: 20 minutos

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