El magnate estadounidense que confesó “matar a todos” en un documental de TV

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Robert Durst, millonario estadounidense miembro de una conocida familia de Nueva York fue arrestado por cargos de asesinato tras haber admitido supuestamente varios crímenes en un documental en televisión.

Robert Durst fue grabado diciendo en privado que los había “matado a todos”, poco después de que se le preguntó en una entrevista sobre la muerte de una amiga en el año 2000.

El hombre, de 71 años, siempre se había declarado inocente de la muerte de Susan Berman. La fiscalía también le vincula con la desaparición no resuelta de su primera esposa, Kathleen, en 1982.

La mujer desapareció tras pasar un fin de semana en su casa de campo en el estado de Nueva York y eventualmente fue declarada legalmente muerta.

En 2001, Durst fue absuelto de asesinato tras convencer al jurado de que cuando vivía en Texas haciéndose pasar por una mujer muda, disparó a un vecino anciano, Morris Black, lo desmembró y lo tiró a la Bahía de Galveston en defensa propia.

CONFESIÓN

Familiares de Durst, que manejan un patrimonio que se calcula en al menos US$4.000 millones y no tienen relación con él, dijeron que se sentían “aliviados y también agradecidos con todo el mundo que ayudó” en la detención.

“Esperamos que por fin tenga que dar cuenta de todo lo que ha hecho”, dijo su hermano Douglas en declaraciones a la agencia AP.

Durst fue detenido por agentes del FBI con una orden de arresto de la fiscalía de Los Ángeles cuando entraba en un hotel de Nueva Orleans en el que había ingresado con nombre falso.

Su abogado, Chip Lewis, anunció que Durst se volverá a declarar inocente. La policía de Los Ángeles dijo que la detención fue resultado de avances en la investigación y de “pruebas adicionales que han aparecido en el último año”.

Pero Lewis dijo que no tiene duda de que la detención fue organizada en coordinación con un documental de HBO “The Jinx: The Life and Deaths of Robert Durst” (“La maldición: la vida y las muertes de Robert Durst”), que incluyó una larga entrevista con Durst.

El último episodio, emitido en la noche del domingo, incluyó lo que parece una confesión de los asesinatos de las señoras Berman y Durst y de Morris Black.

Según los documentalistas, Durst todavía llevaba un micrófono enganchado cuando entró en el baño de un hotel tras la entrevista.

“Ocurrió, te cazaron”, susurró para sí mismo. “¿Qué demonios he hecho? Matarlos a todos, por supuesto”.

No se sabe si Durst hablaba con sinceridad, pero esa supuesta confesión se produjo poco después de que se le preguntó si había escrito una carta que solo el asesino de Berman habría podido escribir.

Los documentalistas encontraron similitudes entre una carta manuscrita que Durst envió a Berman y la de una nota anónima enviada a la policía alertando de un cadáver en la casa de la víctima.

La palabra “Beverly” también está mal escrita y aparece como “Beverley” en ambos documentos. Berman, cuyo padre era socio de los mafiosos de Las Vegas, Bugsy Siegel y Meyer Lansky, era amiga íntima de Durst y también su portavoz.

La familia Robert Durst posee varios rascacielos en Nueva York. Murió por un disparo en la parte de atrás de la cabeza en su casa de Los Ángeles, cuando investigadores de Nueva York iban a interrogarla sobre la desaparición de Kathleen Durst.

En julio, Durst fue condenado por orinar en la vitrina de una farmacia en Houston. Cinco meses después tuvo que comparecer ante un tribunal de Nueva York tras ser acusado de entrar ilegalmente en propiedad de su familia.

La Durst Organization posee 11 rascacielos en Manhattan. Durst rompió vínculos con su familia y la empresa en 2006 tras recibir unos US$65 millones.

Andrew Jarecki, autor del documental “The Jinx”, declaró: “La historia es muy dramática”.

“Es tan fascinante para mi ver a alguien que nace en una familia tan privilegiada y años después vive en una casa de US$300 al mes en Texas, pretendiendo ser una mujer muda”. Jarecki conoció a Durst tras el estreno, en 2010, de la película “All good things”, en la que Ryan Goslin interpreta una versión ficticia de Durst.

Durst se acercó a Jarecki tras ver la película y la idea del documental fue suya. En una entrevista a principios de este mes, Jarecki dijo que Durst era “directo” aunque no “consistentemente veraz”.

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