Hace 15 años, Glenn Spencer abandonó California y eventualmente su matrimonio para perseguir una obsesión: “Vine a Arizona para ayudar a asegurar la frontera”.

En su rancho del Condado Cochise, Arizona, que está como a un campo de fútbol de distancia de la barrera de metal que separa a Estados Unidos de México, Spencer coloca un drón en el suelo y prueba su sistema de detección basado en un sismógrafo.

En segundos el aparato se levanta del suelo prácticamente sin ruido, pero Spencer nunca lo pierde vista porque usa un monitor. Bajo la sombra de una malla maniobra el control como un chico con juguete nuevo.

Aunque parece un juego, la misión de Spencer de buscar personas tiene desastrosas consecuencias para quienes han arriesgado todo cruzando el Desierto de Sonora.

“La computadora está mirando 8 km de información, y cuando detecta algo el algoritmo dice: ‘Hey, hay gente allí'”, explica, mostrando las ayudas visuales que ha colocado en su depósito para los curiosos. Cuando un migrante es detectado, un sensor envía las coordinadas que Spencer de inmediato ubica.

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