Muchos fieles católicos ignoran las enseñanzas católicas sobre la anticoncepción, no consideran que usar métodos artificiales para evitar embarazos es pecado y ni siquiera lo confiesan, reconoció hoy el Sínodo de Obispos.

La preocupación por este problema surgió en el inicio del cuarto día de trabajos de la cumbre episcopal convocada por el Papa para abordar los desafíos principales de la familia en el contexto actual, que tiene lugar en el Aula Nueva del Sínodo del Vaticano.

Al inicio de esta jornada, en la cual participan 191 padres sinodales, el presidente delegado de la asamblea, André Vingt-Trois, se refirió al tema que guió los debates a puerta cerrada: “Los desafíos pastorales sobre la apertura a la vida”.

De acuerdo con Notimex, el cardenal constató que en estos asuntos de moral sexual, existen “diferencias sustanciales” entre una visión cristiana de la vida y de la sexualidad y un modo de vida fuertemente secularizado.

“Muchos son los que tienen dificultades para captar la distinción entre los métodos naturales de regulación de la fertilidad y la contracepción. Las causas principales de esta acogida difícil provienen de la diferencia entre el diseño antropológico cristiano y el de la mentalidad dominante”, estableció.

Advirtió además que esto tiene consecuencias sobre la “práctica sacramental” de los fieles que, a menudo, no consideran que la utilización de métodos anticonceptivos sea un pecado, tienden a no confesarlo y reciben la comunión sin problemas.

“Hay que animar una mentalidad abierta a la vida para contrarrestar la mentalidad contraceptiva y la difusión de un modelo antropológico individualista que determinan una baja demográfica en ciertas regiones”, estableció.

Con Vingt-Trois coincidió la pareja de esposos Arturo y Hermelinda As Zamberline, responsables del movimiento Equipos de Nuestra Señora para la región de Brasil, que tomaron la palabra ante los obispos.

Ellos defendieron las “razones justas y sin egoísmo” por la cual los esposos quieren espaciar los nacimientos de los hijos.

“Dada la seriedad del ambiente en que nos encontramos, tenemos que admitir sin miedo que muchos matrimonios católicos, los mismos que procuran vivir seriamente su matrimonio, no se sienten obligados a usar sólo los métodos naturales”, indicaron.

Establecieron que teóricamente es bueno el control de la natalidad a través de los métodos naturales pero aclararon que en la cultura actual nos parece carente de practicidad.

Sostuvieron que las parejas, principalmente jóvenes, viven un ritmo de vida que no les permite practicar esos métodos, una vez que demandan tiempo para entrenamiento, y tiempo es producto raro en el mundo en que vivimos.

“Por ser superficialmente explicado y, por eso, apenas utilizado, el método natural gana la fama injusta de ser inseguro y así muchas veces ineficiente. Por lo tanto, más una vez con sinceridad admitimos que no es seguido por la mayoría de las parejas católicas”, insistieron.

“Las parejas, en su gran mayoría, no rechazan el uso de otros medios contraceptivos. En general, no los consideran como un problema moral. Debemos considerar, aún, que las relaciones sexuales están orientadas a la transmisión de la vida, pero también al servicio del amor conyugal”, agregaron.

Por eso consideraron “necesario y urgente” el establecimiento de una “orientación fácil y segura”, que responda a las exigencias del mundo actual, “sin herir el esencial de la moral católica” que requiere ser “ampliamente difundida”.

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