Thomas Eric Duncan se apresuró a llevar al hospital a su vecina de 19 años cuando empezó a convulsionarse, días después de que empezara a quejarse por un dolor estomacal.

Todos creyeron que las molestias tenían relación con su embarazo de siete meses pero ninguna ambulancia fue por ella mientras el ébola causa estragos en la capital de Liberia.

Pronto Duncan, los padres de Marthalene Williams y varios más trataron de ponerla en un taxi en camino al hospital en el centro de la ciudad. Semanas más tarde todos quienes la ayudaron estaban enfermos o muertos. El virus se contagia a través del contacto directo con la saliva, el sudor o la sangre, y todos habían tocado el cuerpo de la mujer enferma, según publica The Associated Press.

Duncan actualmente está hospitalizado en un ala de aislamiento en Texas luego de que enfermara tras salir de Liberia, donde cerca de dos mil personas han muerto este año a causa del ébola. Viajaba para visitar a su familia en Estados Unidos cuando el ébola aún se encontraba en periodo de incubación, que puede durar hasta 21 días, y autoridades sostienen que los detectores del aeropuerto de Monrovia no fallaron al permitirle que abordara el avión.

Desde entonces se ha convertido en el símbolo de la manera en que ébola puede extenderse en Estados Unidos. En Liberia, sin embargo, es simplemente otro vecino contagiado por una célula del virulento ébola que ha diezmado esta vecindad de casas con techo de lámina a lo largo del bulevar 72 SKD.

“Mi padre y otros cuatro personas la metieron en un auto. Duncan iba en el asiento delantero con el conductor y los otros en el trasero con ella”, recordó Angela Garway, su prima de 15 años el jueves en el patio que separa las casas donde vivían todos ellos. “Era una buena persona”.

Luego de que varias personas, Duncan incluido, enfermaron tras hacer una riesgosa obra de compasión, los vecinos dijeron el jueves que no están dispuestos a volver a hacerlo.

Cuando Mercy Kennedy, de nueve años, lloraba al enterarse de la muerte de su madre, ninguno de sus vecinos se atrevía a tocar a la pequeña para consolarla.

La madre de Mercy había ayudado a lavar la ropa de la mujer embarazada y tocó su cuerpo cuando murió en su casa luego de que ningún hospital la aceptara.

El jueves la pequeña Mercy vagaba con ropas estropeadas usando su vestimenta para secarse las lágrimas mientras un grupo de trabajadores escuchaba su llanto.

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