El denominado “turismo sexual” es uno de los grandes flagelos que afronta la región del Sudeste Asiático, aprovechado por muchos pedófilos de Occidente que no ven restricciones en esos países para cometer sus delitos y perversiones y que se ven beneficiados por la pobreza que existe en algunos de esas naciones.

Eso parece que es lo que Michael Jones, de 55 años y del sur de Gales, fue a hacer a Camboya, donde fue fotografiado con menores de edad caminando tranquilamente por la calle, tomando de la mano a quien se sospecha fehacientemente que fuera su víctima.

Jones fue detenido luego de haber sido sorprendido paseando con una pequeña de 11 años de la mano, por las calles de Phnom Penh, la capital del país. Está acusado de haber llevado al menos a esa niña a una habitación rentada varias veces, y fue visto dándole “besos y abrazos” en público a su víctima.

Pero las pruebas contra Jones no terminaron allí. También fue fotografiado mientras compartía tiempo libre en las calles de la misma ciudad con otras dos pequeñas de ocho y nueve años, apenas vestidas, y con otro niño que permaneció sentado en sus piernas un largo rato. Jones después habría llevado al grupo a un centro comercial, donde les compró algunas cosas y les permitió jugar en una de las atracciones del lugar.

La niña de 3 años declaró ante las autoridades que había sido obligada a tener sexo con Jones luego de que éste le ofreciera cinco dólares. De ser encontrado culpable, Jones enfrentaría ocho años de cárcel.

Una ONG fue la encargada de llevar adelante la investigación y presentarla ante la Justicia. Es que desde hace un año estaban siguiendo al pedófilo, sospechado de cometer quizás el crimen sexual más aberrante de todos. La organización perdió el rastro el año pasado de Jones, pero las alarmas volvieron a encenderse cuando pisó nuevamente tierra camboyana. Ahora deberá enfrentar cargos por “abuso sexual contra menores” y “prostitución infantil”.

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