El mandatario brasileño, Michel Temer, intentó este domingo poner paños fríos al escándalo de corrupción de la industria de la carne en Brasil, al reunirse con una veintena de embajadores de países que importan productos del país e invitarlos a una cena, para tratar de evitar suspensiones al comercio.

La manera como se dio la noticia pudo haber creado una preocupación muy grande, tanto en países que importan nuestra carne como en consumidores brasileños”, admitió Temer, quien intentó responder a las dudas suscitadas por una mafia que adulteraba esos productos, tanto para el mercado local como externo.

En el encuentro, el mandatario resaltó que los productos locales son sanos y que la mafia que los adulteraba ya no existe y sólo fue un caso “puntual”. Tras la cita, los invitó a comer un tradicional “churrasco”.

“Es importante destacar que, de 11.000 empleados, solo se investiga a 33 y que, de las 4.837 unidades sujetas a inspecciones, apenas hay 21 presuntamente implicadas en eventuales irregularidades. Y de esas 21, solo seis realizaron exportaciones en los últimos 60 días”, expuso.

Diplomáticos de Europa, Estados Unidos, China y otros mercados extranjeros asistieron a las reuniones del domingo. “Uno no puede estar jugando con los alimentos”, dijo André Regli, embajador de Suiza en Brasil, agregando que los problemas eran “preocupantes”.

Para tratar de despejar las amenazas sobre el sector, Temer anunció que el gobierno ordenó “acelerar las auditorías de los establecimientos citados en la investigación de la Policía Federal”.