Periodista ejecutado pudo escapar, pero no lo hizo por su amigo

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El periodista estadounidense James Foley, ejecutado en agosto del 2014 por el grupo Estado Islámico, pudo haber escapado de sus captores, pero se quedó para no abandonar a un compañero británico, relata el exrehén del grupo, el reportero Javier Espinosa.

“Foley y (el británico John) Cantlie probaron en dos ocasiones. La primera fue un rotundo fracaso, antes incluso de iniciarse”, escribe Espinosa en el diario “El Mundo”, que el domingo comenzó a publicar el relato de su periodista.

“En la siguiente ocasión, el periodista estadounidense demostró su enorme calado humano. Tras conseguir evadirse de la habitación donde estaban prisioneros, agarrado a una manta, tuvo que esperar a Cantlie”, que fue descubierto por un guardia.

“Foley podría haber intentado huir en solitario, pero prefirió entregarse”, asegurando que “no podía dejar solo a John” Cantlie, rehén británico que ha aparecido en varias ocasiones en videos de propaganda y que seguiría vivo.

El intento de fuga de lo que Espinosa califica de “Guantánamo islamista“, un edificio en un complejo industrial, cerca de Alepo, se tradujo en continuas palizas.

El complejo formaba un inmenso cuartel del Estado Islámico, con “decenas y decenas de militantes de todas las procedencias. Había africanos, ingleses, libios…”, incluso “un chaval que hablaba un perfecto castellano”, relata Espinosa.

Vestidos con combinaciones naranjas e identificados solo con un número, Espinosa, el fotógrafo Ricardo García Vilanova y el estadounidense Peter Kassig, se unieron en esta prisión a finales de setiembre del 2013 a “un gran grupo de presos europeos que los radicales habían acumulado durante meses”.

Entre estos estaban el francés Didier François, secuestrado junto al fotógrafo Edouard Elias en junio del 2013 y ambos liberados en abril del 2014, el periodista español Marc Marginedas, o los dos miembros de la ONG Acted, el italiano Federico Motka, también liberado, y el británico David Cawthorne, ejecutado en setiembre, entre otros.

Espinosa y sus compañeros habían sido tratados relativamente bien hasta llegar a esta prisión, pero sus nuevos compañeros de cautiverio hacían “relatos espeluznantes”.

“Nos dejaron en una habitación sin agua ni comida. Al cabo de cuatro días sin beber comencé a delirar y a gritar. Solo entonces fue cuando nos dieron un vaso de agua”, recordaba François.

El periodista francés también fue testigo de como los miembros del Estado Islámico colgaron del techo a varios (musulmanes) chiitas, uno de los cuales se volvió loco “y no dejaba de chillar”, por lo que “lo sacaron de la celda y le cortaron la cabeza”.

“Hay 73 clases de musulmanes y solo los de una clase entrarán en el paraíso“, afirmaba un guardián según Espinosa.

En este Guantánamo islamista, los prisioneros eran obligados a “cantar a coro” una versión modificada de la canción Hotel California de los Eagles, relata Marginedas en otro relato que publica el diario catalán “El Periódico”.

“Bienvenidos al adorable hotel de Osama (en referencia a Bin Laden)/qué lugar tan encantador/pero tú nunca podrás irte/y si lo intentas/morirás”, escribe Marginedas

Sus captores también intentaban que memorizarán “oraciones y suras del Corán“, afirma Marginedas, que recuerda con cierto humor como uno de sus compañeros de cautiverio, afirmó que “aprender el islam con esta gente es como aprender el cristianismo con el Ku Klux Klan”.

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