Cuando las autoridades hallaron el cadáver de un niño de 11 años en el sur de Texas, el número de teléfono de su hermano estaba escrito en el interior de la hebilla de su cinturón.

El chico, vestido con jeans de “Angry Birds”, botas de cuero negro y un rosario blanco alrededor del cuello, provenía de Guatemala, y aparentemente se perdió en el desierto de Texas, a pocos kilómetros de la frontera con México y a menos de kilómetro y medio de la casa más cercana, de acuerdo con The Associated Press.

Aunque cientos de inmigrantes mueren cruzando la frontera entre México y Estados Unidos cada año, el descubrimiento del cadáver descompuesto de Gilberto Francisco Ramos Juárez en el Valle del Río Grande este mes ha dejado en claro las consecuencias y peligros de la migración de menores de edad que viajan solos, mientras el gobierno trata de manejar a cifras nunca antes vistas de menores que ingresan ilegalmente en el país.

“Nos los encontramos muy seguido”, dijo el jefe de la policía de Hidalgo, Eddie Guerra, sobre los cadáveres en descomposición, quien agregó que es el primero de un menor de edad inmigrante que aparece desde que asumió el puesto en abril. “Es un viaje muy peligroso”.

El lunes, el presidente Barack Obama anunció que no esperará a que los legisladores republicanos actúen sobre la inmigración y que avanzará por su cuenta para hacer cambios en las políticas para la que ha sido una de las prioridades de su segundo mandato. Obama dijo que decidió soslayar al Congreso después que el presidente de la Cámara de Representantes John Boehner le informó la semana pasada que la cámara no votará una reforma a las leyes migratorias este año.

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