“Me hace mal cuando veo un cura o una monja en un automóvil último modelo”, dijo ayer el Papa Francisco al remarcar la “coherencia con la pobreza ” que deben tener los hombres de la Iglesia.

El tema del lujo y los autos surgió durante una charla en el aula Paulo VI del Vaticano que ofreció a seminaristas, novicios y novicias. “Hay quien dirá que el júbilo nace de las cosas que se tienen”, enfoque que lleva a “la búsqueda del último modelo de los teléfonos inteligentes, de la motoneta más rápida o del automóvil que se hace notar”, destacó.

“Ustedes pensarán: ‘¿Entonces qué? ¿Debemos ir en bicicleta’?”, prosiguió bromeando Francisco, tras recordar que “la bicicleta es algo bueno y monseñor Alfred va en bicicleta”, en referencia a su secretario particular, monseñor Alfred Xuareb.

“Creo que el auto es necesario, hace falta moverse … trabajar, pero tengan uno más humilde. Si en cambio eligen siempre el más lindo, piensen cuantos niños mueren de hambre.

El júbilo –concluyó– no deriva de las cosas que se tienen”.

“En este mundo en el que las riquezas hacen tanto mal es necesario que nosotros, los curas y las monjas, seamos coherentes con nuestra pobreza”, añadió, definiendo como “equivocada” la posición de aquellas “instituciones educativas, parroquiales, cuyo primer interés es el dinero … esto no está bien, es una incoherencia”, afirmó Bergoglio.

El buen humor del pontífice apareció en ese mensaje e incluso después cuando el presidente de Trinidad y Tobago Anthony Thomas Aquinas Carmona, le obsequió los típicos tambores del “steel drums” del Caribe.

Otra vez rompiendo el protocolo, el jefe de la Iglesia arremetió sobre ellos para probar el sonido y comprobar si tocaba bien, según dijo.

Precisamente ayer, según se supo, el Papa, quien rechazó desde su coronación los lujosos aposentos vaticanos y vive en la residencia más sencilla de Santa Marta, utilizó un vehículo que no es un último modelo –un Ford Focus azul metalizado– para desplazarse hasta el Palacio Apostólico.

Unas horas antes, en la misa que muy temprano por la mañana celebra precisamente en Santa Marta, Bergoglio se había referido a las “estructuras de la Iglesia”, afirmando que “no debe haber temor de renovarlas”.

“La Iglesia siempre ha avanzado dejando al Espíritu Santo que renueve estas estructuras, las estructuras de la Iglesia. ¡No tengan miedo de ello!”, enfatizó durante la homilía. “En la vida cristiana, también en la vida de la Iglesia, existen estructuras caducas y es necesario renovarlas”.

Francisco dijo, por otra parte, que le gustaría “ver una Iglesia más misionaria, no tan tranquila”, y dirigiéndose a los novicios y novicias, aconsejó “salir de sí mismos, ir hacia la trascendencia en el rezo, salir de sí mismos hacia los otros, en el apostolado”.

“Pienso por ejemplo en la Madre Teresa de Calcuta, quien no le temía a nada, iba por las calles y no necesitaba arrodillarse dos horas por día frente al Señor”, completó el Pontífice.

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