Inyecciones de comida de manera forzosa por vía rectal, privación del sueño durante más de 70 horas, ahogamientos simulados, amenazas sexuales con palos y palizas varias son sólo algunas de las torturas a las que la CIA sometió a los detenidos acusados de actividades relacionadas con el terrorismo entre 2002 y 2006, tras el terror desatado por los atentados del 11-S.

La CIA mintió deliberadamente a la Casa Blanca y al Congreso sobre sus prácticas, como detalla el informe dado a conocer este martes por el Senado. Los detenidos fueron privados de luz, sometidos a música atronadora y, con la única compañía de un balde en el que depositar sus heces, retenidos en celdas sin calefacción. Sin embargo, las condiciones de vida que la CIA relató eran mucho mejores que éstas.

Tal era el aislamiento en el que se encontraron algunos presos que la falta de contacto humano les provocó traumas psicológicos como alucinaciones, paranoias y autolesiones. Este fue el caso de Arsala Khan, un afgano capturado en 2003 que contaba con alrededor de 55 años y que presuntamente ayudó a Osama Bin Laden a escapar a través de las montañas de Tora Bora a finales de 2001. Tras las 56 horas que fue mantenido despierto de pie, apenas podía articular palabra y estaba “visiblemente en shock por las alucinaciones que le hacían ver a su familia asesinada por unos perros”, según relata el informe. Dos días después de tener estas visiones, sus interrogadores volvieron a privarle de sueño durante otras 21 horas.

Tras aproximadamente un mes de interrogatorios exhaustivos, la CIA concluyó que “el detenido no parece estar involucrado en planes actuales contra Estados Unidos” y ordenó que fuera devuelto a su pueblo y le fuera efectuado un pago en metálico. Sin embargo, fue transferido al Ejército, que le custodió durante cuatro años más a pesar de ser conocido que su delator tenía intereses personales contra él y su familia.

Esta técnica fue usada, además, entre el 3 y el 5 de junio de 2003 con Abu Hazim, quepermaneció en vela y de pie 52 horas. Asadallah también fue mantenido así a pesar de sufrir un esguince. En 2003, la privación del sueño por debajo de las 72 horas estaba considerada como una técnica legal. Khallad bin Attash fue sometido a 70 horas de privación de sueño, dos menos de las permitidas. Después, oficiales de la CIA le permitieron dormir durante cuatro horas para luego mantenerlo despierto, sentado, durante otras 20. Algunos detenidos fueron forzados a permanecer despiertos hasta 180 horas.

Era común que los agentes desprendieran a los detenidos de su ropa, arrastrándoles desnudos por el suelo, bañándoles en agua congelada y simulando su ahogamiento mediante la inyección de inmensas cantidades de agua por las vías respiratorias. También les horrorizaban con taladros eléctricos y les propinaban brutales palizas, sin olvidarse de amenazarles con hacer daño a sus mujeres y niños. Las torturas llegaron incluso a causar la muerte, en 2002, de un detenido por hipotermia que había permanecido encadenado, prácticamente desnudo, en una prisión secreta de la CIA.