Ochenta niños inmigrantes juramentaron el jueves honor y lealtad a su nueva patria en una ceremonia solemne. De pie y con un brazo en el corazón y el otro levantado, los menores prometieron honrar y dar la vida por su nuevo hogar: Estados Unidos.

Sólo los balbuceos de algunos bebés distrajeron la atención pero nadie se inmutó. Niños de 18 países habían llegado a la biblioteca pública del centro de Los Angeles para convertirse en estadounidenses.

“Alemania, Armenia, Bangladesh, Camboya, China, Colombia …”, llamó Nancy J. Alby, directora de la Oficina de Servicios de Ciudadanía e Inmigración de Estados Unidos en el condado de Los Angeles. USCIS, según sus siglas en inglés, es la agencia federal encargada del proceso de nacionalización.

Uno a uno, los niños y sus padres se fueron poniendo de pie.

El oaxaqueño Luis Litez se levantó cuando llamaron a México. Estaba sentado en primera fila con un traje negro, camisa azul y una corbata amarilla con puntos negros. Tenía una banderita de Estados Unidos en la mano y se había vuelto a poner los anteojos con los que estaba jugando.

“Estoy orgulloso”, dijo después el menor de 10 años. “También un poco nervioso”.

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