El grupo yihadista del Estado Islámico de Iraq y Siria (ISIS) ha demostrado tanta resolución en sus avances como crueldad con lo que denomina “limpieza” contra poblaciones de otras minorías. Entre las que se incluyen cristianos que están prácticamente acorralados en las montañas del Kurdistán, en el norte de Iraq.

Ante esto, el Presidente Obama ha ordenado bombardeos selectivos, contra las posiciones de los yihadistas. El objetivo es detener el avance de ISIS y propiciar una salida al sitio mortal en que están grupos étnicos especialmente los cristianos. Obama sabe que con esto, tiene que pagar un importante costo político.

De allí que Hillary Clinton se distancie recientemente del primer mandatario estadounidense. Pero no hacer nada no es opción. Suficiente se tiene en lo mundial con los enredos en Ucrania, la contención que debe darse al poder ruso en Crimea y la región al oriente del río Dnieper; además de las complicaciones en Siria y las masacres que el ejército israelí ha realizado en la Franja de Gaza contra los palestinos.

Ahora, que las cosas están al borde del desmembramiento de Iraq, se toman medidas que preventivamente hubiesen causado menos costos. El Presidente Barack Obama ha visto como sus opciones internas han tenido que irse abriendo paso en medio de una desbordada opción de los republicanos, quienes ya iniciaron procedimientos legales mediante los cuales buscan enjuiciarlo.

El motivo es que el presidente se habría excedido en sus atribuciones con lo de la implementación del “obamacare”, que le ha dado posibilidad de seguro médico a unos 43 millones de personas. Luego los más precámbricos de los republicanos se preguntan por qué no ganan en los comicios electorales. Mucho de las causas residen en sus posiciones de intransigencia suicida.

Pero no sólo han sido las maniobras de los bombardeos selectivos contra ISIS. Estados Unidos en esto ha tenido que acercarse –reticentemente- a Irán a fin de propiciar un cambio de estrategia y de conformación en el gobierno de Iraq. A mediados de agosto, en lo que son las últimas noticias, esto se ha logrado. El hasta hace poco Primer Ministro Nuri al Maliki, chiíta, ha dejado el poder. Se trató especialmente en los últimos tiempos, de una figura que fortaleció las polarizaciones políticas en el país.

El nuevo Primer Ministro es el también chiíta, Haider al Abadi. En su nombramiento convergieron los intereses de Estados Unidos y de Irán, pero las cosas no son simples. Estos dos países están enfrentados por la trágica situación en Palestina, también tienen posiciones disímiles respecto a Siria, y por otro lado Israel es otro tema que promueve distanciamiento. Y por si hiciera falta, allí está latente, en un primer plano, el programa nuclear iraní, respecto al cual las negociaciones aún no ofrecen resultados concluyentes.

Las posiciones de poder que está moviendo ISIS, no sólo se dan en el plano militar y de cobertura de regiones. Políticamente han declarado ya un califato que implicaría territorio de Iraq y de Siria. Esto ocurre mientras tratan de adelantar sus avances más al centro y norte de Iraq.

Lo que en lo inmediato se trata de evitar en suelo iraquí, es el sectarismo. Se requiere de unidad nacional, en un país en donde deben coexistir tres minorías fundamentales. Dos de ellas pertenecen al islam. Son el grupo sunita que es minoría en Iraq, y el grupo chiíta. Este último es mayoría en Iraq e Irán, pero son minoría en prácticamente todos los demás países islámicos. Situación que contrasta con los sunitas.

ISIS, dentro de sus posiciones –que han sido tildadas de radicales incluso por Al Qaeda- tendría una conformación mayoritariamente sunita, es decir del mismo grupo que perdió el poder con Sadam Hussein. El tercer grupo minoritario son los kurdos. Washington, tomando en cuenta esta conformación, consideraría de extremo peligro que se conformará una coalición entre ISIS y el Kurdistán.

La nueva conformación de fronteras que está tratando de establecer ISIS cambiaría profundamente las condiciones políticas regionales. Esto influiría en el laberinto de poder en Siria, en el control de fuentes energéticas, en las posiciones económicas y en factores demográficos de la región del Medio Oriente.

Las actuales fronteras y delimitaciones —con excepción de los límites entre Israel y Palestina- fueron trazados mediante el tratado Sykes-Picot de 1916; los firmantes del acuerdo, por no decir reparto, fueron Francia y el Reino Unido. Allí quedaron identificadas las fronteras de lo que pertenecía al Imperio Otomano. Tal y como lo ha documentado Patrick Cockburn, la creación del nuevo territorio por ISIS, sería el “cambio más radical en las delimitaciones políticas, desde 1916”.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here