Todavía se desconoce el número exacto de personas que han fallecido como consecuencia de la brutal explosión que tuvo lugar este miércoles en una fábrica de fertilizantes en West, localidad de Texas.Por el momento se mantiene la cifra de entre 5 y 15 personas muertas y más de 160 heridas. Las autoridades han apuntado este jueves que hay “varios bomberos desaparecidos”, que podrían ser “tres o cuatro personas más”. Tres de los que se presumen ya fallecidos también son bomberos.

La policía local ha informado también de que se están produciendo saqueos en la zona devastada por la explosión de la planta química y ha apuntado que todavía no se ha localizado a los propietarios de la instalación, que había sido denunciada en el pasado por inclumplir las medidas de seguridad y que no había sido inspeccionada desde hacía cinco años.

El sargento William Patrick Swanton ha explicado que hay entre 300 y 400 personas trabajando en las labores de extinción del incendio. Asimismo, se desconoce por el momento qué ha podido causar el fuego y la posterior explosión. La policía ha iniciado una “investigación criminal” -y no otra- porque se sitúan de entrada en “el peor escenario posible”. Sin embargo, en opinión de Swanton todo parece apuntar a un accidente, aunque no se ha podido confirmar este extremo. Se da la casualidad que mañana hace 20 años del asalto de las autoridades federales al complejo de la secta davidiana de David Koresh, en la que murieron 17 menores y 69 adultos.

La deflagración, que ha quedado registrada por el Servicio Geológico de EE.UU. como un terremoto de 2,1 grados y que se ha podido sentir a 80 kilómetros a la redonda, ocurrió el miércoles por la tarde en la planta industrial de West Fertilizer Plant, en la localidad de West, unos 100 kilómetros al sur de Dallas, mientras los bomberos trataban de apagar las llamas del incendio, por lo que se teme que entre las víctimas se hallen trabajadores de los servicios de emergencia. En estos momentos, los bomberos todavía trabajan para extinguir el incendio.

“Parece una zona de guerra”

Pese a que en un principio se había anunciado la muerte de dos personas, la cadena KWTX news y la CBS apuntaban, citando testimonios del cuerpo de bomberos, que el número de fallecidos podía situarse entre 60 y 70. “Hay mucha devastación, nunca he visto nada igual”, ha destacado el sheriff del condado de McLennan, Parnell McNamara. “Parece una zona de guerra con todos los escombros”, ha sentenciado. Según las autoridades, entre 50 y 75 edificios han quedado dañados por las llamas y la posterior deflagración. Además, un bloque de unos 50 apartamentos habría quedado reducido a escombros.

El alcalde de West, Tommy Muska, confirmó que cinco o seis manzanas de edificios colindantes habían sufrido daños graves y explicó que las autoridades están preocupadas por los vapores químicos que hayan podido emanar de la planta.

Entre los edificios afectados se encuentra una residencia de ancianos, de donde fueron evacuados 133 pacientes, algunos en sillas de ruedas. “Tenemos una gran cantidad de personas heridas, y hay mucha gente, estoy seguro, que no va a estar aquí mañana”, dijo Muska. “Vamos a buscar por todas partes. Vamos a hacer que todo el mundo esté contabilizado. Eso es lo más importante en estos momentos”, dijo el alcalde de West.

Las autoridades han anunciado la mitad de la población de West (unos 2.800 habitantes en total), han sido evacuados por temor a más explosiones y al efecto de los gases. Además, los servicios de emergencia han organizado las primeras atenciones a las víctimas en tiendas de campaña situadas en un campo de fútbol americano cercano.  El portavoz del Departamento de Seguridad Pública de Waco -comunidad a la que pertenece West-, Gayle Scarbrough, ha confirmado que hay varios heridos que están siendo trasladados a centros sanitarios cercanos.

La explosión, causada al parecer por un incendio en la fábrica que habría provocado que el amoníaco entrara en contacto con agua, ha creado una bola de fuego de  30 metros de altura.

Una ciudad devastada por “una bomba nuclear”
El aire de West se mantenía lleno de humo más de dos horas después de la explosión, y el área alrededor del lugar de la explosión estaba lleno de trozos de madera, ladrillos y vidrio.

Un periodista de Reuters observó que una escuela secundaria cercana y varias casas estaban severamente quemadas. La estación de televisión de Dallas WFAA reportó desde helicópteros que aproximadamente un área de tres cuadras de West parecía haber sido destruida.

“Mi marido y yo estábamos recogiendo la cocina y escuchamos lo que parecía una persona corriendo hacia nosotros. Sacudió nuestras ventanas y puertas. Salimos inmediatamente para ver qué pasaba”, ha relatado Tonya Harris, una vecina.

Keith Williams, otro vecino de West, dijo a la cadena ABC que su casa quedó completamente destruida. “Todo el techo ha volado”, dijo Williams. “Las ventanas están fuera. El ladrillo ha derribado la casa. Mi gran garaje en la parte trasera se ha quedado en la mitad”.

Muchos vecinos describieron calificaron el suceso como “una bomba nuclear”, mientras que otros creyeron que se había tratado de un terremoto.

Más de 100 personas fueron llevadas al Hillcrest Baptist Medical Center en Waco, dijo el vicepresidente de operaciones del hospital, David Argueta. El CEO de Hillcrest, Glenn Robinson, dijo a CNN que el hospital estaba viendo “todo desde lesiones ortopédicas a pacientes que están sufriendo pérdidas graves de sangre”.

El gobernador Rick Perry emitió una declaración diciendo que su oficina había “movilizado recursos del Estado para ayudar a las autoridades locales” a lidiar con los hechos.

Un funcionario de la Casa Blanca dijo que el Gobierno del presidente Barack Obama estaba al tanto de la situación y que está vigilando la respuesta local y estatal a través de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA).

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