Las protestas violentas volvieron a estallar en Ferguson (Misuri) al conocerse que el policía Darren Wilson no será procesado por la muerte de Michael Brown, el negro de 18 años desarmado al que disparó repetidas veces el pasado 9 de agosto.

El suceso fue acogido entonces con jornadas de violencia y saqueo, y anoche volvió el lanzamiento de bombas incendiarias, la ruptura de cristales y otros actos de vandalismo, a pesar de la llamada del presidente Barack Obama a que las protestas fueran pacíficas.

El gran jurado que ha examinado el caso decidió no elevar cargos contra Wilson, de 29 años, por considerar que las pruebas y los testigos más fiables indican que el policía utilizó la fuerza dentro de lo permitido por la ley. Tampoco el fiscal del condado de San Luis, Bob McCulloch, que fue quien comunicó en rueda de prensa la decisión del gran jurado, perseguirá a Wilson.

La familia de Brown se declaró “profundamente decepcionada”. Horas antes ya se había considerado “ofendida” por el hecho de haber conocido por los medios que el gran jurado había alcanzado una decisión, en lugar de obtener la noticia directamente por el fiscal.

Obama compareció desde la Casa Blanca pidiendo respeto a la decisión adoptada por el gran jurado. “La violencia no es la respuesta”, dijo. El presidente estadounidense reconoció que parte de la comunidad afroamericana pueda sentir “rabia”, pero pidió superarla mediante un esfuerzo colectivo que resuelva la “profunda desconfianza” que en ciertas partes de EE.UU. existe entre la población negra y la Policía.

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