El copiloto Lubitz fue tratado hace años por “tendencias suicidas”

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Andreas Lubitz, el sospechoso de haber estrellado la semana pasada un A320 en los Alpes y haber acabado con la vida de 149 personas, había recibido tratamiento por “tendencias suicidas”, según ha revelado este lunes la Fiscalía de Düsseldorf. “Varios años antes de obtener su licencia, el copiloto había estado bajo tratamiento psiquiátrico durante un largo periodo de tiempo con evidentes tendencias suicidas”, ha afirmado la Fiscalía.

Lubitz comenzó a trabajar como copiloto de Germanwings en septiembre de 2013, unos meses más tarde de obtener su licencia de vuelo. Pero las tendencias suicidas a las que se refiere el fiscal son anteriores. Desde que tuvo su licencia, los médicos que visitó y que le firmaron bajas médicas no detectaron “ni tendencias suicidas ni agresividad contra terceras personas”, ha asegurado en Düsseldorf Christoph Kumpa, el portavoz que ha leído el breve comunicado hecho público por la Fiscalía.

Este dato es importante porque añade algo de luz al debate que estos días ha surgido en Alemania sobre la responsabilidad de los médicos y los límites de la confidencialidad cuando un paciente pueda suponer un peligro para la sociedad. Según la explicación del fiscal, no es que el psiquiatra que trató a Lubitz -y que le dio la baja por no considerarlo apto para volar el día del siniestro- no hiciera nada al observar las tendencias suicidas de su paciente, sino que no las detectó. Fuentes de Lufthansa consultadas tras conocer el escrito de la Fiscalía insisten en que la compañía nunca supo nada sobre el estado de salud del copiloto que acababan de contratar. “No tenemos acceso a las actas médicas. Es una información secreta”, explican las fuentes consultadas por este periódico.

La Fiscalía asegura además que no ha encontrado ninguna prueba de que Andreas Lubitz padeciera una enfermedad física, en lo que parece una referencia a los problemas de visión -desprendimiento de retina, según publicaba el domingo el Bild– de los que se ha hablado en estos días. Al no haber rastro de enfermedad física, estas dificultades podrían ser de origen psicosomático. Los investigadores no han dado con un documento en el que el copiloto anunciara sus intenciones o una carta de despedida; y los interrogatorios en su entorno familiar, personal y laboral tampoco han arrojado “indicios consistentes que ayuden a explicar los posibles motivos” de sus actos.

Mientras en Düsseldorf se esperaba con gran atención las nuevas revelaciones de la Fiscalía, los detalles sobre el estado de salud de Lubitz -y qué sabían de él Lufthansa y la Oficina Federal de Aviación alemana- seguían saliendo a la luz. El copiloto renovó el año pasado el visto bueno médico para volar, según confirman fuentes de la compañía a este periódico. Lufthansa insiste en que nunca tuvo conocimiento de los problemas de salud de Lubitz, e incluso sostiene que en los documentos que tenía a su disposición –la licencia y su idoneidad para volar- no estaban las siglas SIC, que avisan de que el empleado en cuestión debe someterse a una revisión médica especial de forma regular. Esta afirmación choca con lo que dijeron durante el fin de semana las autoridades alemanas de aviación.

La investigación en torno a las circunstancias de la tragedia aérea en los Alpes franceses ha llevado a la policía de la ciudad alemana de Düsseldorf a poner en marcha uno de sus operativos más grandes de las últimas décadas. Según informa este lunes el diario Rheinische Post, la comisión especial creada bajo el nombre de Alpes está formada por más de 100 agentes encargados de recabar datos sobre Lubitz, así como de recoger muestras que permitan identificar a las más de 70 víctimas alemanas de la catástrofe.

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