Un ataque sobre Siria, que ya puede considerarse como un hecho inevitable, parece condicionado únicamente por la necesidad de exponer pruebas contundentes sobre el uso de armas químicas con objeto de otorgar la mayor legitimidad posible a una intervención que no va a contar con el visto del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Estados Unidos, que junto al Reino Unido y Francia encabezará la operación, dice que dispone de esas pruebas y que las pondrá en conocimiento del mundo en breve.

La sombra de la guerra de Irak, que se justificó por la falsedad de la existencia de armas de destrucción masiva en ese país, está ejerciendo una presión considerable sobre los principales actores de este episodio en las horas previas al lanzamiento de los primeros misiles. Ninguno de los tres gobiernos que ejercen el liderazgo quiere repetir los errores pasados, y buscan las mayores garantías de que la acción será lo más limpia posible, desde el punto de vista militar, y lo más justificada posible, desde el punto de vista político.

Con ese propósito se están identificado los objetivos militares y con ese propósito el Gobierno británico presentó este miércoles en el Consejo de Seguridad una propuesta de resolución en la que se solicita autorización por “el uso de todos los medios necesarios” para proteger a la población civil en Siria, copiando el modelo que se utilizó en 2011 con Libia.

La resolución parece condenada al fracaso, puesto que Rusia, que tiene derecho de veto, ha dejado muy claro que no la va a respaldar. Pero en el debate se intentará dejar claro que las potencias occidentales han hecho todo lo posible para que el organismo que mejor representa la voluntad de la comunidad internacional se implique en esta crisis, aunque los tres países más involucrados han advertido claramente que no creen necesaria una resolución de la ONU para actuar.

Es incierto cuánto puede ese último esfuerzo diplomático retrasar el inicio de la actividad militar, que se preveía para antes del final de esta semana. El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, ha pedido a Washington y sus aliados unos días más. “Dejen que los inspectores concluyan sus cuatro días de trabajo, y entonces tendremos que analizar científicamente las pruebas y después supongo que tendremos que informar al Consejo de Seguridad para que tome las acciones pertinentes”, declaró Ban en La Haya. Teniendo en cuenta que los inspectores han cumplido hoy su segunda jornada de actividad en Siria, habría que esperar aún varios días antes de poder proceder a un voto en el Consejo.

A juzgar por los comentarios de los miembros de la Administración norteamericana, no parece probable que se tenga tanta paciencia. “Nosotros vamos a tomar nuestras propias decisiones de acuerdo a nuestro propio calendario”, ha manifestado la portavoz del Departamento de Estado, Marie Harf. Washington asegura que dispone de datos obtenidos por sus servicios de inteligencia que demuestran el empleo de gases venenosos fuera de toda duda. Se trata de fotos, filmaciones y grabaciones de comunicaciones entre funcionarios sirios que se le mostraron a Obama el pasado fin de semana y que lo convencieron plenamente de la necesidad de actuar cuanto antes. Esas pruebas o parte de ellas se darán a conocer previamente al ataque, quizá este mismo jueves.

A partir de ese momento, habrá otros factores que considerar antes de empezar los bombardeos. Posiblemente, habrá que esperar a que los inspectores salgan de Damasco, donde podrían ser objeto de represalias si su estancia coincide con el ataque. Es necesario también dejar que se pronuncie el Parlamento británico, que ha sido convocado este jueves. Obama no necesita una autorización expresa del Congreso, pero es posible que la Casa Blanca atienda la reclamación de algunos congresistas de disponer de más datos sobre los planes militares y sus motivos.

Todo eso puede hacerse, desde luego, con cierta rapidez. El jueves por la noche pueden estar cumplidos esos trámites. Funcionarios norteamericanos han transmitido a la prensa cierta precipitación para intervenir antes de que el Gobierno de Bachar el Asad pueda utilizar de nuevo armas químicas o de que se desalojen o protejan los objetivos militares más importantes, sobre lo que hay noticias de que ya ha empezado a ocurrir.

Este aspecto de las prioridades estrictamente militares es, por razones obvias, el que menos ha trascendido. La Administración norteamericana ha explicado hasta ahora que el propósito del ataque será el de impedir que el régimen haga uso de su arsenal de gases venenoso. Para ello, no se pretende destruir los depósitos de esos gases, que podría causar una catástrofe, sino los sistemas de proyectiles que se utilizan para su transporte, así como las unidades militares que se encargan de ello. Es decir, se atacarían centros militares y algunas infraestructuras, como aeropuertos.

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