La muerte de 51 partidarios del presidente depuesto de Egipto, Mohamed Morsi, en un ataque conjunto de la policía y las fuerzas armadas colocó este lunes al país al borde de un conflicto civil, con los grupos islamistas llamando a un levantamiento nacional en contra del golpe de estado y con la legitimidad y unidad del nuevo gobierno de transición seriamente dañadas. Desde su feudo de Ciudad Nasser, el distrito de El Cairo en el que han acampado, los Hermanos Musulmanes prometieron intensificar su campaña de protesta pública tras la matanza, pidiendo a la comunidad internacional que apoye el proceso democrático y exija que se restituya en su puesto al primer presidente elegido democráticamente en la historia de Egipto.

“El gobierno del golpe fascista ha cometido una clara masacre contra manifestantes a favor de Morsi y de la democracia durante los rezos de la madrugada, con balas del Ejército después de que unos matones no pudieran completar su labor”, dijo este lunes Essam el Erian, vicepresidente del Partido Justicia y Libertad, brazo político de los Hermanos Musulmanes. Mantiene esa formación política que sus simpatizantes fueron primero atacados por personas armadas vestidas de paisano que luego dieron el relevo a las fuerzas del orden, que cargaron con gas lacrimógeno, perdigones y disparos. El partido islámico se refirió en un comunicado al ataque como parte de “una exterminación masiva de manifestantes pacíficos”.

Las versiones sobre lo que ocurrió en la madrugada de este lunes en la avenida Tayaran, que conduce al cuartel general de la Guardia Republicana en El Cairo, donde el Ejército retiene a Morsi, son contradictorias. Los partidarios de Morsi mantienen que fueron atacados mientras rezaban. El Ejército dijo a través de un portavoz, el coronel Ahmed Ali, que varios “terroristas” abrieron fuego contra los soldados e intentaron “asaltar” el cuartel para liberar a Morsi. “Las fuerzas armadas siempre solucionan estos asuntos de forma sabia, pero hay un límite a su paciencia”, dijo Ali en conferencia de prensa. Al menos un soldado resultó muerto, y otros 40 heridos. La televisión estatal emitió este lunes un vídeo de un supuesto partidario de Morsi avanzando hacia los soldados con una pistola en la mano.

El frágil equilibrio de poderes que los militares lograron erigir en las horas previas al golpe de Estado del miércoles ha quedado seriamente dañado. El partido salafista Nur, segunda fuerza islamista del país, anunció este lunes que se retira de las negociaciones para formar un gobierno de transición que tutele el proceso de redacción de una nueva constitución y convoque elecciones parlamentarias y presidenciales. “No quedaremos callados ante la masacre que tuvo lugar frente al cuartel de la Guardia Republicana”, dijo Nader Bakar, su portavoz, en un comunicado. “Queríamos evitar el derrame de sangre, pero la sangre ha sido ya derramada. Así que anunciamos que ponemos fin a las negociaciones con las nuevas autoridades”.

El portavoz de los Hermanos Musulmanes, Gehad el Haddad, pidió a los países occidentales que “dicen defender la democracia” que “apoyen sin miramientos a aquellos que ganaron unas elecciones justas y libres”, dejándose de medias tintas. Un portavoz de Catherine Ashton, alta representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, pidió este lunes a ambas partes en Egipto que “eviten las provocaciones o la escalada de la violencia”. Por su parte, la portavoz del departamento de Estado norteamericano, Jen Psaki, pidió la “máxima contención” a las fuerzas armadas.

El país ha quedado dividido entre los islamistas y sus oponentes, la brecha entre ambos más profunda que nunca tras lo que se considera la mayor matanza en el país desde que cayera el régimen de Hosni Mubarak, en 2011. Sólo horas antes de la carga de las fuerzas de seguridad, decenas de miles de personas celebraban en la icónica plaza de Tahrir la creación de un nuevo gobierno y la deposición de Morsi, en un ejercicio de gratitud al Ejército, que envió a sus cazas y helicópteros a sobrevolar a la multitud. En un par de ocasiones, los aviones militares trataron de dibujar un corazón en el cielo con las estelas de sus sistemas de propulsión, un guiño a los detractores de Morsi.

Las fuerzas opositoras que ahora detentan el poder, precariamente lideradas por el juez Adli Mansur, elegido por los militares, ni siquiera han podido ponerse de acuerdo en los pasados días sobre qué tipo de gobierno quieren. Mansur le ofreció el puesto de primer ministro al premio Nobel de la Paz Mohamed el Baradei, sólo para retirar la oferta ante la negativa a aceptarlo del partido Nur. Luego propuso que El Baradei fuera vicepresidente y que el puesto de primer ministro lo ocupara el abogado Ziad Baha el Din, fundador del Partido Social Demócrata de Egipto. Nur volvió a negarse. A casi una semana del golpe de estado, el presidente interino Mansur sólo cuenta con un logro: la disolución de la Cámara alta del parlamento, controlada por los islamistas.

“Nosotros no usamos la violencia contra los golpistas ni contra los soldados. Nos acercamos a ellos con nuestros pechos al descubierto”, dijo este lunes Safwat Hegazi, predicador y líder islamista cercano a la hermandad. “Lo que sucedió demuestra la depravación del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas, que quiere dejar estas cuentas saldadas antes del comienzo del Ramadán. Pronto veremos muchas más muertes”, dijo. El martes comienza el Ramadán, mes sagrado de riguroso ayuno para los musulmanes, algo que podría calmar algo las tensiones en Egipto. Este lunes, sin embargo, en las concentraciones de apoyo a Morsi, numerosos asistentes seguían llamando al martirio. “Morsi o la muerte” era un grito común.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here