Sólo tiene 26 años, pero presume de haber matado a 42 personas. Es, según la policía, “un asesino profesional”. Mató por primera vez a los 17 años. Sus víctimas predilectas eran mujeres (blancas) de la región de la Baixada Fluminense: confiesa haber acabado con 38 de ellas, de toda edad y condición, además de haber asesinado a un bebé y a tres hombres. Mataba por encargo, “pero también por placer”, como reconoció esta mañana, esposado y tranquilo, en una entrevista asombrosa con la TV Globo en la División de Homicidios de la región carioca. “Cuando pasaba dos meses sin matar, empezaba a ponerme nervioso”, relató posteriormente ante un enjambre de atónitos periodistas.

La espeluznante historia de Saílson José das Graças recorre Río de Janeiro. La policía, que vincula ya al confeso asesino serial con cuatro muertes, rastrea la ciudad en busca de pruebas que confirmen una trayectoria criminal de nueve años. “No sé si fueron 38 mujeres las que mató”, afirmó el comisario jefe de la División de Homicidios, Pedro Medina, “pero, hasta ahora, todo nos lleva a creer que se trata de una historia verídica. Todavía no hemos encontrado contradicciones”.

Agentes de la citada fuerza policial encontraron en el momento de la detención, el miércoles, el machete que utilizó Saílson para matar a su última víctima, Fátima Miranda, de 62 años, en el municipio de Nova Iguaçu. El testimonio presentado dejó anodadada a la Policía, que ni siquiera tenía expedientes abiertos sobre muchas de sus víctimas y ha pedido públicamente colaboración a parientes de mujeres que hayan muerto apuñaladas o estranguladas en los últimos siete años. La presentación en sociedad, esta mañana, del criminal tiene (más allá del espectáculo mediático creado) la finalidad de dar a conocer su caso lo máximo posible entre la población carioca.

El asesino serial colaboró, desde luego, con la puesta en escena y mostró una frialdad desconcertante en su entrevista. Describió incluso su modus operandi: “Observaba a la víctima, la estudiaba. Esperaba un mes, a veces una semana, dependiendo del lugar. Procuraba enterarme de donde vivía [la víctima], cómo era su familia… Pasaba un rato largo, esperaba, y de madrugada entraba en la casa”, afirmó con la mayor serenidad. “Mataba sin la menor preocupación de ir a la cárcel. Hacía las cosas bien, por gusto. […] Llevaba guantes. No llevaba documentos ni nada que pudiese dejar pistas […] Sólo me preocupaba lo digital, las cámaras”. El todavía sospechoso sí admitió haber sentido arrepentimiento tras la muerte del niño de dos años, cuyos llantos durante el asesinato de su madre le “obligaron” a matarlo “para que no escuchasen los vecinos”.

El sujeto afirmó también que no escondía los cadáveres y distinguió entre los asesinatos por encargo (a base de puñaladas) y los motivados por puro “placer” (que resolvía por estrangulamiento): la policía reveló que al detenido le gustaba ver a las mujeres agonizar “con los ojos abiertos”. Otra distinción venía dada por el color de piel: “No mataba negras porque es mi color y el de mi familia”, aseguró sin perder la calma.

Junto a Saílson han sido detenidas su pareja, Cleusa Balbina, de 42 años, y José Messias, de 55, sospechosos de encargar el asesinato de Fátima Miranda. Calificado de “psicópata” por la Policía, el detenido expresó: “Sé que estaré aquí [en la cárcel] 10, 15 o 20 años, pero haré lo mismo [en cuanto salga libre]”. Se califica a sí mismo de “calculador”. Nada parece importarle demasiado: “No me arrepiento, no. Para mí, lo hecho está hecho. Y no hay vuelta atrás”.

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