La policía chilena decomisó el mayor alijo de droga de los últimos diez años, consistente en tres toneladas de cocaína base, clorhidrato de cocaína y cannabis sativa, en un operación que se saldó con la detención de ocho personas, informaron hoy las autoridades.

La droga incautada en la llamada “Operación Capricornio”, llevada a cabo el pasado fin de semana en la región norteña de Coquimbo, está valorada en 33,000 millones de pesos (60 millones de dólares), correspondientes a unos 28 millones de dosis.

El cargamento de droga, que había sido introducido en Chile por la frontera norte desde Bolivia, fue interceptado en una operación por tierra y aire que se empezó a planificar hace cuatro meses y se ejecutó el pasado sábado en Illapel, a 370 kilómetros al norte de Santiago.

Agentes de la Brigada Antinarcóticos Metropolitana de la Policía de Investigaciones (PDI) interceptaron el sábado un camión y tres furgonetas en la que los narcotraficantes transportaban la droga.

De forma simultánea al operativo, la policía allanó en Santiago tres domicilios en los que se incautaron de armas, munición y equipos de telecomunicaciones, señaló el Ministerio del Interior en un comunicado.

El ministro del Interior, Rodrigo Peñailillo, felicitó a la Policía y a la Fiscalía por la investigación y resolución del caso, que permitió, dijo, asestar “un duro golpe al narcotráfico”.

“Permitió desbaratar a una organización que ha planificado esta operación, con tecnología, por un buen tiempo, y permitirá dar tranquilidad a la familia chilena”, dijo Peñailillo al realizar un recorrido por las instalaciones policiales donde se encuentra la droga decomisada.

El fiscal nacional, Sabas Chahuán, dijo que se trata de una operación “inédita” que saca del mercado “una cantidad muy importante de dosis de droga” y mucho dinero.

Según los antecedentes de la investigación, la banda utilizaba un sistema de claves para evitar los controles policiales y simulaba ser una caravana de faena minera.

Sus integrantes vestían uniformes de trabajo, chalecos reflectores y cascos, y usaban teléfonos vía satélite para comunicarse sin ser detectados por la policía.

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