“Obama es un cobarde. Nos ha traicionado al devolver a esos asesinos que son los espías cubanos”, gritaba a pleno pulmón Orlando González, rodeado de un centenar de cubanos indignados que se concentraron ayer en el restaurante Versailles, en pleno corazón de Miami, tan pronto se enteraron de que Alan Gross estaba en Washington, y los cubanos Gerardo Hernández, Ramón Labañino y Antonio Guerrero, de regreso a su tierra natal.

El Versailles suele ser el barómetro de los estados de ánimo de los exiliados cubanos y esta vez no iba a ser diferente. “Siempre hemos desconfiado de Obama, sabíamos que estaba en concubinato con Castro desde el principio, era sólo una cuestión de tiempo para que tuviéramos la certeza”, agregaba José Mendieta, otro exiliado que, lo que más lamentaba, eran “nuestros muertos profanados por este presidente negro”.

La manifestación fue pequeña comparada con luchas de otras épocas, pero no dejó de ser ferviente. Carteles que decían “Castro asesino” aparecieron en manos de algunos de los manifestantes que desfilaron militantemente delante de un rosario de cámaras de televisión. “Este presidente es lo peor que ha tenido la nación. ¿Cómo va a contradecir la decisión de una Corte que condenó esos espías a cadena perpetua? Ha violado la Constitución”, sentenciaba Luis Domínguez, portando una bandera cubana, “la más linda del universo y ahora profanada”.

Este grupo representaba a la generación de exiliados de línea dura, para quienes todo diálogo con el Gobierno comunista es «una componenda con un régimen despótico», como lo calificaba Domínguez a las afueras del Versailles.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here