Tras años de recelos, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Egipto y Yemen han roto este lunes relaciones con Qatar por su presunto “apoyo a varios grupos terroristas y sectarios que tienen como objetivo desestabilizar la región”. Doha, por su parte, ha calificado de “injustificada” e “infundada” una medida que incluye el cierre de fronteras y la expulsión de ciudadanos qataríes de sus territorios.

Arabia Saudí, la cuna del islam más intransigente, ha sido el primer parís en anunciar un cisma que afecta a viejos aliados de Estados Unidos apenas dos semanas después de que Donald Trump les instara desde Riad a unirse contra el extremismo. “Ante la insistencia del Estado de Qatar de continuar socavando la seguridad y la estabilidad de la región y su incapacidad para cumplir con los compromisos y acuerdos internacionales, se ha decidido tomar las siguientes medidas necesarias para salvaguardar los intereses de los países del Consejo de Cooperación del Golfo y el pueblo qatarí”, detalla un comunicado divulgado en la últimas horas por Emiratos Árabes Unidos.

Entre las medidas adoptadas por estos países, figura el cese de todas las relaciones con las autoridades qataríes, incluida la ruptura de relaciones diplomáticas y la expulsión del personal diplomático. En el caso emiratí, la legación qatarí tiene 48 horas para abandonar el país. Los ciudadanos qataríes, por su parte, cuentan con dos semanas para dejar el territorio.

Cierre de puertos, aeropuertos y puestos fronterizos

A través de un comunicado publicado por la agencia estatal saudí de noticias SPA, Riad ha anunciado además el cierre de todos sus puertos, aeropuertos y puestos fronterizos para evitar la entrada de qataríes al país. También se decreta el cierre del espacio aéreo y marítimo a las compañías qataríes.

Una de las primeras consecuencias es que las aerolíneas emiratíes Etihad Airways, Emirates y Flydubai han suspendido todos sus vuelos a Doha a partir de este martes.

Qatar Airways, en respuesta, ha anulado todos sus vuelos a Arabia Saudí.

“Evitar la entrada de ciudadanos qataríes a Emiratos Árabes Unidos o el cruce a través de puestos fronterizos. Los residentes y visitantes qataríes tienen 14 días para abandonar el país por razones de seguridad. Los ciudadanos emiratíes tienen prohibido viajar o permanecer en Qatar o transitar por sus territorios”, desgrana la nota emiratí en unos términos similares a las difundidas por los países vecinos que se han sumado al bloqueo.

La monarquía saudí argumenta que ejerce su “derecho soberano, garantizado por el Derecho Internacional” y pide a todos los países “hermanos y amigos” que “apliquen las mismas medidas lo antes posible”. Fuentes gubernamentales citadas por SPA insisten que en las drásticas medidas fueron adoptadas “para proteger su seguridad nacional de los peligros del terrorismo y el extremismo”.

“Arabia Saudí ha tomado este paso crucial como resultado de las graves violaciones por parte de las autoridades de Doha, tanto a nivel privado como público, durante los últimos años”, subraya la nota. Según Riad, la ruptura es también en señal de “solidaridad con Bahréin, expuesto a campañas terroristas apoyadas por las autoridades de Doha”. La agencia de noticias estatal bahreiní, por su parte, ha acusado a Qatar de “atacar la seguridad y la estabilidad de Bahréin y entrometerse en sus asuntos”. La población de Bahrein, sojuzgada con “mano de hierro” por un monarca suní, es mayoritariamente chií.

Irán, por su parte, ha hecho un llamamiento al “diálogo” entre Qatar y sus vecinos del Golfo para que resuelvan sus diferencias. “La resolución de diferencias entre los países de la región no es posible salvo a través de medios políticos y pacíficos y un diálogo franco”, reza el comunicado de Bahram Ghasemi, portavoz del ministerio iraní de Asuntos Exteriores.

Qatar, expulsada de la coalición que bombardea Yemen

Qatar también ha sido expulsada de la coalición árabe que lidera Arabia Saudí y que desde marzo de 2015 bombardea las zonas en Yemen controladas por el grupo rebelde chií de los hutíes. Según la nota de SPA, su salida de la alianza está justificada por “las prácticas que fortalecen el terrorismo” y su respaldo de grupos que “incluyen Al Qaeda y Daesh [acrónimo en árabe del autodenominado Estado Islámico] y sus tratos con milicias rebeldes” en alusión a los hutíes.

Las rencillas que han desencadenado este seísmo -prueba de las luchas de poder regional que libran los países del Golfo Pérsico- vienen de lejos. Uno de los elementos que explican estas disputas es el gigante qatarí Al Yazira, una televisión cuyas informaciones han suscitado continuos roces con sus países vecinos. El país más rico del mundo, con el mayor PIB por habitante del planeta, estableció en 1996 el canal que despuntó durante la cobertura de la guerra de Afganistán en 2001 y la invasión estadounidense de Irak en 2003 y se consolidó como referencia una década después al socaire de la primavera árabe, un acontecimiento que alarmó a las poltronas de la región.

En 2013, además, Doha se enfrentó a Abu Dabi y Riad a propósito del laberinto egipcio. Mientras saudíes y emiratíes apoyaron y financiaron el golpe de Estado que desalojó del poder a los Hermanos Musulmanes, Qatar se convirtió en un refugio de líderes islamistas y no dudó en usar el “poder blando” de Al Yazira para dar oxígeno al movimiento islamista más influyente del mundo y denunciar la feroz campaña de represión lanzada por ejército y policía.

La crisis alcanzó su cenit en marzo de 2014 cuando Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Bahrein retiraron a sus embajadores de Doha y Riad declaró “organización terrorista” a la Hermandad. En noviembre de 2014, sin embargo, el conocido como “acuerdo de Riad” supuso el regreso de los diplomáticos a Qatar, que alberga una importante base militar de Estados Unidos y acogerá el Mundial de fútbol en 2022.

Los Hermanos Musulmanes, un grupo que renunció hace décadas a la violencia y ha negado estar involucrado en los ataques a las fuerzas de seguridad que se han sucedido desde la asonada en Egipto, es una amenaza para la propia supervivencia de unas monarquías puritanas a las que perturba un ideario político políticamente reformista y moralmente ultraconservador que propugna las elecciones y la vía política. De hecho, su catalogación como organización terrorista no ha sido secundada por los gobiernos occidentales.

“Las autoridades qataríes han sido incapaces de cumplir con el acuerdo de Riad”, indica el comunicado oficial de Emiratos. “Qatar continúa apoyando, financiado y proporcionando cobijo a grupos terroristas, principalmente los Hermanos Musulmanes, y sus esfuerzos para promover ideologías del Daesh y Al Qaeda a través de sus medios de comunicación directa o indirectamente”, esboza la nota que también refiere la declaración firmada el pasado 21 de mayo durante el periplo de Trump en contra de terrorismo en la región e Irán, “estado patrocinador del terrorismo”.

Riad culpa, además, a Qatar de “romper la unidad interna saudí y poner en peligro su soberanía” apoyando a “grupos terroristas” en la provincia de mayoría chií saudí de Qatif así como en Bahréin y Yemen. El régimen del ex jefe del ejército egipcio Abdelfatah al Sisi acusa a la monarquía de Tamim bin Hamad al Zani de “apoyar las operaciones terroristas en el Sinaí e intervenir en los asuntos internos de Egipto y los países de la región de un modo amenaza la seguridad nacional árabe y favorece las diferencias dentro de las sociedades árabes”.

Los litigios volvieron a arreciar hace dos semanas a raíz de unas declaraciones del emir qatarí publicadas por la agencia de noticias estatal QNA en las que censuraba la posición de los países del Golfo frente a Irán y desvelaba “tensiones” con EEUU. Las palabras, ampliamente divulgadas por los medios árabes, fueron desmentidas por Doha, que denunció haber sido víctima de un ataque informática y negó la veracidad de la nota. El incidente llevó a Arabia Saudí, Emiratos, Egipto y Bahréin a bloquear el acceso por internet a varios medios de comunicación qataríes, entre ellos la criticada Al Yazira.

Tras un aluvión que amenaza con aislar al país, Qatar -el 40 por ciento de los alimentos llegan al país a través de la frontera saudí- ha respondido este lunes en unas declaraciones del ministerio de Asuntos Exteriores citadas por Al Yazira. “Las medidas son injustificadas y están basadas en acusaciones y denuncias que no se apoyan en hechos”, ha replicado la diplomacia qatarí, que exige que las decisiones “no afecten a las vidas de sus ciudadanos y residentes”. Desde Sidney, el secretario de Estado estadounidense Rex Tillerson ha instado a los países en liza a que resuelvan sus diferencias a través del diálogo. “No creo que todo esto tenga una repercusión importante, ni siquiera leve, en la lucha contra el terrorismo en la región y a nivel global”, ha deslizado.

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