La violencia y la división política volvió a instalarse con fuerza en Egipto tras el derrocamiento del presidente Mohamed Mursi por parte del Ejército. Sectores islámicos que respaldan el retorno del ex mandatario al poder se enfrentaron con fuerzas de seguridad en distintos lugares del país, y también con manifestantes que festejaban el desplazamiento del jefe de Estado. El saldo fue de al menos 30 muertos y cerca de 300 heridos.

En el plano político, el flamante presidente interino, Adly Mansur, titular del Tribunal Constitucional Supremo, disolvió el Parlamento.

La medida afectó básicamente al Consejo de la Shura, que actuaba como Senado y estaba dominado por representantes musulmanes.

Las manifestaciones para repudiar el golpe de Estado comenzaron después de la oración islámica de los viernes y fueron convocadas por los Hermanos Musulmanes, el movimiento político que llevó a Mursi al poder. Hubo protestas en varias ciudades, pero una de las más sangrientas ocurrió en Alejandría. Según explicó Amr Salama, jefe de los servicios de emergencia, allí murieron 12 personas cuando cientos de islámicos atacaron con armas una marcha opositora al ex presidente. Entre otros episodios, contó que vio a un hombre subir a la terraza de su casa para levantar una bandera egipcia y gritar insultos contra Mursi, lo que enfureció al grupo de atacantes: subieron al lugar, lo apuñalaron y arrojaron su cuerpo a la calle.

Las primeras víctimas fatales tuvieron lugar por la mañana, cuando un grupo se acercó al cuartel principal de la Guardia Republicana, donde está detenido el ex presidente, con la intención de liberarlo. Los soldados abrieron fuego y mataron a dos personas. Más tarde los grupos islámicos chocaron en la emblemática plaza Tahrir con la multitud que respaldaba la destitución de Mursi. La mayor parte de la pelea fue cuerpo a cuerpo, con palos y otros objetos, pero también hubo hombres armados que cruzaron disparos. Inclusive surgieron francotiradores que balearon indiscriminadamente desde edificios cercanos.

También fue grave lo sucedido en Sinaí del Norte. Los seguidores de Mursi atacaron edificios públicos y mataron a cuatro policías. Frente a esta situación, se declaró el toque de queda en la región y las tropas destacadas en Suez y en el sur de la península del Sinaí fueron puestas en alerta máxima.

En la protesta organizada por los Hermanos Musulmanes reapareció sorpresivamente su líder, Mohamed Badie, a quien se creía detenido. Su declaración central fue “ Mursi o nuestras vidas ”.

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