Algo gastada luce la madera del barril junto a las escaleras, aquel hogar en la mitad de la vecindad que parece un objeto olvidado. De repente un “niño” con pecas y una simpática gorra verde con orejeras emerge del objeto haciendo un extraño sonido: pi-pi-pi-pi-pi-pi-pi.

Sin lugar a dudas usted sabe que se trata del Chavo del 8, ese niño que sin querer queriendo siempre “metía la pata” con Don Ramón, el papá de la Chilindrina. Ese personaje de ropa gastada y tirantas naranjas que ha robado sonrisas a millones de personas en distintas partes del mundo.

Detrás del Chavito está Roberto Gómez Bolaños, un mexicano que nació dando la pelea por sobrevivir el 21 de febrero de 1929. Elsa Bolaños fue su mamá y Francisco Gómez su papá.

“Lo suyo era el arte en muchas de sus manifestaciones, pues aparte de pintar y dibujar, también cantaba, tocaba la mandolina, declamaba y, por si fuera poco, era un hombre culto, guapo, simpático, magnífico contador de chistes y habitual centro de atracción en fiestas y reuniones”, relata Chespirito sobre su papá en el libro ‘Sin Querer Queriendo’. Es probable que él haya sido una influencia definitiva en su obra.

El caso de Roberto es particular porque a pesar de ser un apasionado escritor no encontró su reconocimiento a una temprana edad, incluso como muchas biografías lo recuerdan estudió ingeniería en una universidad pública mexicana.

No contaban con su astucia

“Lo estúpido no es la diversión, lo estúpido es dejar de divertirse”: sería esta reflexión de Ortega y Gasset, el filoso español, una ruta en su vida porque Roberto Gómez Bolaños encontraría en la risa la mejor de las recompensas para su trabajo.

Su primer actuación se remonta a sus 29 años, una faceta que si bien lo emocionó jamás pudo poner al mismo nivel del escritor, esa pasión que lo invadía por semanas hasta encontrar los libretos o guiones perfectos.

Al final sería un superhéroe de carne y hueso el primero de sus personajes más recordados. Más fuerte que un ratón, más noble que una lechuga y su escudo es un corazón: el Chapulin Colorado.

Si bien es cierto que este es uno de sus personajes legendarios, Gómez Bolaños ya escribía en el género de la comedia, por ejemplo trabajó con los famosos Viruta y Capulina. También fue un gran admirador de Cantinflas, reconociendo que ‘Ahí está el detalle’, estrenada en 1940, es su película favorita de todos los tiempos.

‘La Mesa Cuadrada’, un programa de rutinas cómicas que se emitía todos los sábados y parodiaba a los programas de discusión, marcaría su camino. Curiosamente ya trabajaban con él Rubén Aguirre y Ramón Valdez. Aunque el programa tuvo éxito, decidió abandonarlo para comenzar uno proyecto más ambicioso.

Volviendo a su asustadizo héroe de traje rojo y antenitas, este se fue quedando en el corazón de las personas. Sus aventuras, torpezas y frases celebres, sin pensarlo, se convirtieron en la mejor opción de la televisión mexicana, para después volverse en una leyenda del humor en América Latina.

“Nuestra popularidad creció a pasos agigantados, lo que constatábamos no solo por los muchísimos autógrafos que nos pedían, sino también por la multitud de veces que nos llamaban para contratar presentaciones del grupo”, recuerda Chespirito en su libro.

Se le chispoteó

“Mi nombre es el chavo, toda mi ropa es un auténtico remiendo, a veces no me lavo y hago maldades, pero sin querer queriendo”, así describía en una emotiva canción Chespirito a su emblemático personaje que marcará para siempre la historia de la comedia.

Pocos saben que un contratiempo traería a la televisión al tierno personaje. En medio del éxito del Chapulin Colorado, Roberto Gómez Bolaños completaba su show haciendo, junto a Rubén Aguirre, el recordado sketch de Los Chifladitos.

En ese momento Aguirre recibió una considerable propuesta de trabajo que le hizo abandonar el show, allí encontró espacio una rutina de un niño pobre junto a un vendedor de globos. Ese chico más adelante se convertiría en el querido Chavo.

De esta manera se juntaron un grupo de talentosos actores: María Antonieta de las Nieves, Ramón Valdés, Florinda Meza, Édgar Vivar, Angelines Fernández, Raúl “Chato” Padilla, Carlos Villagrán y dos viejos conocidos, Roberto Gómez Bolaños y Rubén Aguirre, que regresó después de su aventura en el otro canal.

“Con ese insuperable elenco, reforzado por un enorme cariño por el trabajo y un infatigable entusiasmo para realizarlo, el programa seguía ascendiendo en calidad y en popularidad. Tanto, que la empresa decidió dividirlo para conformar dos programas: El Chapulin Colorado y El Chavo del ocho”, recuerda Chespirito en ‘Sin Querer Queriendo’.

Las ocurrencias tan singulares de cada personaje, el reto de interpretar niños siendo adultos, el fino humor y la identificación que lograron los televidentes lo convirtieron en un verdadero fenómeno televisivo.

“A decir verdad, ese cariño del público fue también un obsequio para todos los actores que tuve a mi lado, los que llegaron a conformar el grupo de comedia más famoso en todo el mundo de habla hispana”, agrega Gómez Bolaños.

Reconociendo todo el mérito de estos actores, detrás del éxito estaba el genial Roberto, que debido a su talento para escribir recibió el nombre de pequeño Shakespeare, apodo que terminaría transformado en el famoso Chespirito.

Su trabajó finalmente traspaso todos los límites y se convirtió en un programa admirado en toda América Latina, porque no se puede ocultar que “es la vecindad del Chavo, no valdrá medio centavo, pero es linda de verdad”.

No te vayas Chavo

A pesar de sus problemas de salud que le impidieron disfrutar del teatro, Chespirito siempre encontró maneras de demostrar su gratitud con los televidentes y agrandar su legado; por ejemplo escribió en 2005 ‘El Diario del Chavo del 8’. También participó en la versión animada de sus más grandes personajes.

El 28 de mayo de 2011, a sus 82 años se animó a entrar al mundo de las redes sociales y tuvo un recibimiento sorprendente en Twitter, en dos meses tenía un millón de seguidores.

Hola. Soy chespirito. Tengo 82 años, y ésta es la primera vez que tuiteo. Estoy debutando. ¡Síganme los buenos!

— Roberto G. Bolaños (@ChespiritoRGB) Mayo 29, 2011

Roberto Gómez Bolaños es sin lugar a dudas una de las personas más importantes de nuestro tiempo, no solo fue un gran escritor o actor, sino un artista que inventó un mundo cómico imborrable para por lo menos tres generaciones.

Ahora dice adiós y muchos le dicen “No te vayas chavo”, en realidad él sigue allí lo suficientemente pequeño, gracias a la chiquitolina, para caber en los cientos de niños que se disfrazan de él, pero también vive en sus personajes inmortales dispuestos a salvar una vida a punta de sonrisas.

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