El papa Francisco está satisfecho por considerar que la canonización simultánea de sus predecesores, Juan XXIII y Juan Pablo II, devolvió a la Iglesia Católica sus valores originales. “Fueron dos papas que no se dejaron aplastar por las tragedias del siglo XX”, afirmó el sumo pontífice.

Una vez ascendidos los nuevos santos, comenzaron las demostraciones de fe a través de las peticiones y actos de devoción, mientras decenas de miles de personas hicieron fila para entrar a la basílica de San Pedro y detenerse frente a las tumbas de los santificados.

Luego de la multitudinaria e histórica ceremonia de canonización en la plaza de San Pedro y en medio del fragor espiritual de la solemne misa, se hicieron las primeras peticiones públicas: “Padre, te pedimos que, por intercesión de San Juan XXIII, los líderes de las naciones sean librados del espiral del odio y la violencia en sus pensamientos y decisiones. Que en sus relaciones humanas triunfe Jesús vivo y resucitado”, pidió una laica en chino, reseñó ACI Prensa

La religiosa Marie Simon Pierre, quien recibió la intersección milagrosa de Juan Pablo II expresó: “Padre, te pedimos que, por intercesión de San Juan Pablo II, suscites siempre entre los hombres de la cultura, la ciencia y el gobierno la pasión por la dignidad del hombre y que en cada persona se honre a Jesús vivo y resucitado”.

A dichas peticiones se sumaron los buenos augurios, ofrendas y deseos de las 93 delegaciones de todo el mundo presentes en la ceremonia. De ellas, 17 eran procedentes de América Latina, así como de organismo e instituciones internacionales y representantes de la Iglesia Católica en otros países. El Salvador pidió interceder por la pronta canonización del asesinado arzobispo Óscar Arnulfo Romero, mientras que Colombia lo hizo por el proceso de paz para el país andino.

Banderas de España, Colombia, México, Brasil, Costa Rica, Venezuela, Nicaragua, Ecuador y de otras partes del mundo pintaron la ciudad de Roma. Los fieles que primero llegaron a la plaza pudieron hacerse con uno de los miles ejemplares del libro Il Domenica di Pascua, otros tuvieron que contentarse con ver la ceremonia en alguna de las pantallas que El Vaticano habilitó en las calles colindantes. Todo era poco para participar en el llamado “día de los cuatro papas” (el papa Francisco, el papa emérito Benedicto XVI, y los ahora santos) que fue celebrado en el resto de los países del mundo.

Una vez concluida la misa, el papa Francisco se dio un baño de multitudes hasta que Roma poco a poco fue recuperando la normalidad.

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