En octubre de este año, la revista The Lancet publicaba una de las noticias más esperadas en el ámbito de la medicina. Por primera vez, una mujer de 30 años que había recibido el útero de una amiga de la familia de 61 años porque ella había nacido sin él, daba a luz a un varón.

Ayer se supo de otros dos pequeños nacidos el mes pasado y que hoy se encuentran en perfectas condiciones en sus casas junto a sus madres, que también fueron trasplantadas de útero. Los tres bebés son parte de un proyecto que lleva casi 15 años de investigación y que es encabezado el doctor Mats Brännström, de la U. de Gotemburgo (Suecia) y en el que participan expertos de Estados Unidos y España.

Uno de los niños pesó 2,5 kilos y es hijo de una mujer de 29 años. El otro pequeño, que pesó 2,7 kilos, es hijo de una mujer de 34 años que perdió su útero cuando tenía 20 debido a un cáncer.

En 2011, Brännström y su equipo seleccionaron a 11 mujeres sin útero como candidatas a recibir uno. En nueve de ellas fue posible hacer un trasplante exitoso, pero solo siete lograron mantener el órgano sano y embarazarse a un año de la cirugía: una lo perdió porque el órgano se infectó y la otra, porque no se logró una buena irrigación sanguínea.

Para Ricardo Pommer, jefe de la Unidad de Medicina Reproductiva de Clínica Monteblanco, más allá del número de nacimientos exitosos, la técnica es ya una realidad. “Trabajan con un protocolo muy transparente con un gran equipo de expertos cirujanos, ginecólogos, inmunólogos, especialistas vasculares e infectólogos, un equipo multidisciplinario”, señala.

A diferencia de otros órganos que hoy se trasplantan como corazón, pulmón o riñones, recalca que en el caso del útero, este debe soportar el crecimiento de un bebé que se inicia con apenas 150 micrones de tamaño hasta casi 50 cm. “No solo se tiene que mantener un útero saludable, sino que tiene que ser un órgano competente y adaptarse a los requerimiento de un embarazo, con un crecimiento constante de las necesidades de flujo sanguíneo, por ejemplo”, dice.

Según los cálculos de Pommer, unas 30 mujeres al año potencialmente podrían requerir un tipo de intervención como esta. Se trata de mujeres que nacieron sin útero, que lo perdieron producto de una infección, un aborto, una hemorragia, una malformación que no puede ser corregida con una cirugía o un cáncer que no requirió de radio o quimioterapia.

Si todo sale bien, durante el primer trimestre del próximo año debieran nacer los otros cuatro pequeños que todavía están en gestación. Mientras la lista de mujeres que quieren recibir un útero sigue aumentando. Sólo en Suecia, ya hay más de 80 inscritas para ser parte de los próximos estudios.

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