Hace 8 años, Cinthya Bengtson empezó a sentir dolores insoportables en las articulaciones, se le caía el cabello a puños, y al mismo tiempo tenía un cansancio y sueño interminable. Estos síntomas eran reflejo de la enfermedad que padece: lupus.

“El lupus afecta el sistema inmunitario, ataca a las células y tejidos sanos. Esto puede causar daño a varias partes del cuerpo como las articulaciones, la piel, los riñones, el corazón, los pulmones, los vasos sanguíneos y el cerebro.

“En mi familia soy la única que lo tiene desde 2006. Las investigaciones demuestran que los genes juegan un papel importante, pero solos no determinan quién padece lupus. Probablemente existen varios factores que contribuyen a la causa de esta enfermedad”, explica Cinthya, quien tiene 29 años.

Lo más difícil de padecer esta enfermedad, subraya, es aceptar tenerla, reconocer que es crónica y enfrentarse a la falta de información sobre la misma.

SE LE ACABABA EL MUNDO

Cuando estaba en la universidad, recuerda, no podía levantarse por el dolor en las rodillas y a veces en los brazos. Le faltaban ganas de hacer las cosas. “Desde chica fui muy deportista y activa. En la secundaria jugué fútbol en el equipo de la escuela y corría mucho. Después en la preparatoria estuve en el equipo de baile e iba al gimnasio, pero después empecé a disminuir mi actividad física, pues dormía mucho y siempre estaba cansada. El lupus es sumamente engañoso porque físicamente no se nota el dolor de una articulación.

“Al principio sentí que se me acababa el mundo al saber todo lo que me podía pasar. Es un padecimiento misterioso y puede atacar de manera inesperada. En el 2007 y 2008 me invadió de todas las maneras posibles: no solo la piel y las articulaciones, sino también los pulmones, el riñón y el cerebro”.

A consecuencia de esto, Cinthya estuvo internada en el hospital durante tres semanas en terapia intensiva. Después pasó cuatro meses en recuperación, bajó mucho de peso y la cara se le hinchó debido a los esteroides que tomó.

Hoy, gracias a una actitud positiva, aprendió a ver el lupus como una oportunidad para conocerse mejor y cuidar su cuerpo. A través de ejercicio, dormir bien y llevar una buena alimentación (evita comer carne roja, refrescos y comida chatarra), ha tenido una recuperación total sin presentar síntomas nuevamente.

“La verdad que mucha gente me ve y me dice que ni parece que estoy enferma. Hasta podría decir que ya no tengo lupus. “Dedico mucho tiempo a cuidar mi mente y espíritu. Me encanta leer libros de crecimiento personal y espiritual. Me gusta la meditación, el yoga y rezar. También me fascina escribir: mantengo un diario. Todo esto me ayudó a superar los momentos más difíciles”.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here