¿Qué tienen en común los adictos a las drogas, las personas que están constantemente a dieta y los niños que viven en hogares conflictivos? Más de lo que podrías imaginar.

El estrés puede jugar un papel perjudicial al desencadenar un círculo vicioso en el que las personas se sienten abrumadas por impulsos incontrolables y distraídas por sentimientos negativos que, a su vez, desencadenan ciclos subsecuentes de recaídas, atracones y fracasos.

A lo largo de tres décadas de carrera, Rajita Sinha, psicóloga y directora del Centro para el Estrés en Yale, ha buscado entender los procesos que yacen debajo de esos ciclos de estrés con la esperanza de prevenirlos algún día.

La danza de los sentimientos humanos

Para Sinha, todo empezó con los sentimientos. Tenía nueve años y vivía en su natal India cuando empezó a practicar danza tradicional india, que se concentra principalmente en experimentar y expresar los sentimientos. Las bailarinas indias recurren a los gestos y a los ademanes para contar la historia de la vida sagrada de las personas.

“La danza me unió a los poderosos efectos de nuestros sentimientos”, recuerda.

Sinha practicó esta forma de arte durante la universidad, cada vez se sentía más fascinada por la forma en la que el cerebro y la fisiología afectan a los sentimientos y cómo estos motivan la conducta.

Inició su carrera trabajando con los sentimientos individuales como la ira y la tristeza. Examinaba la forma en la que afectan al cuerpo y cómo cambian nuestra respuesta a los diferentes estímulos del ambiente. Lo que observó entonces fue que la gente generalmente no tiene sentimientos puros, es decir, que no solo sienten ira o temor, sino que a menudo presentan una combinación de sentimientos.

“Si les preguntabas cómo se sentían, decían que estaban estresados o molestos”, dice. Se dispuso a entender cómo interactúan los sentimientos, tanto para protegernos como para provocar el estrés que puede agotarnos.

El hábito de las adicciones

En 1994, Sinha dirigía la unidad de tratamiento para el abuso de sustancias en Yale. Como directora clínica, estaba haciendo investigaciones acerca de los tratamientos cognitivos conductuales con los que se enseñaba a los adictos en recuperación a identificar los problemas y a superar la ansiedad.

Aunque las investigaciones demostraron que estas habilidades funcionaban, solían tener efectos modestos; se beneficiaron varias personas, pero no eran muchas.

“Estudiaba a esos grupos en mi clínica y notaba que los mismos individuos regresaban una y otra vez”, recuerda Sinha. “Me decían: ‘ya sé qué tengo que hacer, tengo las habilidades, pero cuando estoy allá afuera y algo pasa, simplemente no puedo evitarlo’”, cuenta.

“El principal reto con las adicciones es, desde luego, la recaída; me dispuse a entender qué provoca la recaída; qué provoca que esas conductas regresen”, dijo.

Se hizo evidente que con frecuencia había un momento en el que alguna clase de reto o detonante impedía que la persona en recuperación tuviera acceso a sus recursos cognitivos. La forma en la que los sentimientos inundaban a la persona aumentaba de alguna forma el riesgo de recaída.

En cada caso, Sinha observó que el estrés jugaba un papel esencial en la pérdida del control. Estaba claro que Sinha y sus colegas no podían estar allá afuera con cada persona durante su recaída, pero se dispusieron a reproducir la conducta en un laboratorio.

“Empezamos a llevar al laboratorio a personas adictas en recuperación y les presentábamos una serie de retos en experimentos controlados. Descubrimos que cuando los individuos adictos están bajo estrés, quieren volver a consumir drogas casi automáticamente”.

La investigación empezó a delinear el patrón de la necesidad de consumir drogas inducida por el estrés, tanto para quienes se encontraban en las etapas tempranas de su recuperación como para quienes estaban consumiendo activamente. No solo los altos niveles de ansiedad y sentimientos negativos provocaban que los adictos en recuperación buscaran un alivio del estrés, sino que el estrés incrementaba la necesidad de consumir la droga.

Los experimentos subsiguientes demostraron que el estrés jugaba un papel importante en la pérdida del autocontrol en una gama de conductas, como en la adicción al juego o el consumo de tabaco, alcohol y comida.

“Empezamos a estudiar el cerebro para ver qué estaba pasando y descubrimos que durante esos periodos de excitación, se activaron las regiones del cerebro que controlan los hábitos”, dice Sinha.

Ella y sus colegas dedicaron mucho tiempo a desentrañar este mecanismo en un intento por descubrir cómo romper el ciclo de las adicciones.

“Tenemos muchos hábitos que son muy importantes para la supervivencia. Es una respuesta evolutiva muy arraigada que proviene de la necesidad primitiva de reaccionar rápidamente. Es muy difícil romper ese vínculo”, señala.

Las drogas, la comida y las conductas habituales tienen un efecto directo en la biología del estrés. Es un modelo de prealimentación, señala Sinha. Sus investigaciones han demostrado que el estrés provoca más estrés. Esto es particularmente preocupante porque existe una relación directa entre el estrés, la ansiedad, la depresión y las enfermedades crónicas.

“Ahora estamos estudiando los medicamentos y las intervenciones que reducen el estrés y la promoción de hábitos”, dice.

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