La ciencia sigue buscado el origen de una de las enfermedades de nuestro siglo, el Mal de Alzheimer. Según un estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences, el cobre parece ser uno de los principales factores ambientales que desencadenan el inicio y ayudan a la progresión del alzhéimer.

El cobre se encuentra por todas partes en el suministro de alimentos: en el agua potable transportada por tuberías de cobre, suplementos nutricionales y en algunos alimentos como carnes rojas, mariscos, frutos secos, y muchas frutas y verduras. El mineral es beneficioso para la conducción nerviosa, el crecimiento de los huesos, la formación de tejido conectivo y la secreción hormonal. Pero el cobre causaría la aparición y progresión del alzhéimer mediante la prevención de la compensación y la aceleración de la acumulación de proteínas tóxicas en el cerebro.

Según Rashid Deane, profesor de Investigación en el Departamento de Nueromedicina Traslacional del Centro Médico de la Universidad de Rochester (Estados Unidos), y autor principal del estudio, “con el tiempo, el efecto acumulativo de cobre irá en perjuicio de los sistemas por los que el beta-amiloide se retira del cerebro”.

El cobre causa un atasco en el cerebro

El nuevo estudio muestra que el cobre también se acumula en el cerebro y provocar la ruptura de la barrera sangre-cerebro, el sistema que controla lo que entra y sale del cerebro, lo que resulta en la acumulación tóxica de la proteína beta-amiloide, un subproducto de la actividad celular. “Este deterioro es uno de los factores clave que causan que la proteína se acumule en el cerebro y se formen las placas que son el sello del alzhéimer”, añade Deane.

Con células de ratones y del cerebro humano, Deane y sus colegas realizaron una serie de experimentos que han establecido claramente los mecanismos moleculares por los que el cobre acelera la patología del Mal de Alzheimer.

Encontraron que el cobre recorre el sistema de la sangre y se acumula en los vasos que alimentan de sangre al cerebro, específicamente en las “paredes” celulares de los capilares. Estas células son una parte crítica del sistema de defensa del cerebro y ayudan a regular el paso de moléculas hacia y desde el tejido cerebral. En este caso, las células capilares impiden que el cobre entre en el cerebro, pero, con el tiempo, el metal puede acumularse en estas células con un efecto tóxico.

Los investigadores observaron que el cobre estimuló la actividad en las neuronas que aumenta la producción de beta-amiloide y que interactuó con beta-amiloide de forma que las proteínas se unían para crear grandes complejos de atascos de la proteína que el sistema de eliminación de residuos del cerebro no puede borrar.

La inhibición de la compensación y la estimulación de la producción de beta amiloide proporciona una fuerte evidencia de que el cobre es un actor clave en el alzhéimer. Además, los investigadores observaron que este material provocó inflamación del tejido cerebral, que puede promover aún más la rotura de la barrera hematoencefálica y la acumulación de toxinas relacionadas con el alzhéimer.

Sin embargo, ya que el metal es esencial para muchas otras funciones en el cuerpo, los investigadores dicen que estos resultados deben ser interpretados con cautela. “El cobre es un metal esencial y está claro que estos efectos se deben a la exposición durante un largo periodo de tiempo –subraya Deane–. La clave será encontrar el equilibrio justo entre demasiado poco y consumo excesivo de cobre. Ahora mismo no podemos decir cuál es el nivel correcto, pero la dieta puede finalmente jugar un papel importante en la regulación de este proceso”.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here