Es comprensible sentirse intranquilo por un compuesto químico que seca la piel, el cabello y que tiene un olor que dura un largo tiempo, incluso después de ducharse. Sin embargo, según los expertos, no hay ninguna razón para preocuparse. Los químicos como el cloro y el bromo se agregan a las piscinas para combatir los gérmenes. Los especialistas sostienen que, sin esas sustancias, las piscinas serían como una placa de Petri en la que la gente estaría expuesta a todo tipo de microbios potencialmente dañinos.

“Los beneficios inmediatos de la desinfección sobrepasan por mucho cualquier riesgo de exposición a largo plazo”, dijo Lindsay Blackstock, una estudiante de doctorado en toxicología analítica y del medioambiente en la Universidad de Alberta en Canadá. Esta especialista colaboró recientemente en un artículo que muestra que, de 31 piscinas analizadas por su equipo, 31 contenían un endulzante artificial que solo pudo haber llegado hasta la piscina porque la gente se orinó allí.

Y ese es el peligro real: no los químicos de la piscina en sí mismos, sino cómo se mezclan con otros químicos que la gente lleva al agua. La orina, junto con productos de higiene personal como champús, lociones corporales y acondicionadores, interactúan con el cloro creando compuestos orgánicos volátiles que pueden ser dañinos al respirarlos.

“Después de que el cloro reacciona, creas un espectro grande de moléculas potencialmente peligrosas”, dijo Andrew Chadeayne, excompañero de natación y abogado de patentes con un doctorado en química. “Las que conocemos son irritantes para los ojos y para el sistema respiratorio”. Él inventó un producto llamado SwinSpray que está diseñado para eliminar la capa de químicos que queda después de nadar en piscinas cloradas.

Dice que no hay evidencia concluyente de que la exposición a estos compuestos pueda causar problemas graves como el cáncer; sin embargo, “el asunto que sí es preocupante es que muchos de ellos nunca han sido estudiados”. En las piscinas al aire libre, estos compuestos normalmente se disipan con el viento; las techadas necesitan buenos sistemas de ventilación, dice Chadeayne, que vive a las afueras de Seattle. “Si percibes un olor fuerte a piscina, realmente no estás oliendo el agua, sino todos esos derivados”, dice.

Algunas personas pueden ser sensibles a esos compuestos. El ganador del oro olímpico en relevos y estilo libre, Caeleb Dressel, abandonó una competencia en una ambulancia después de haber inhalado demasiados vapores de una piscina techada con mala ventilación, dijo Mel Stewart, nadadora olímpica que administra una página web dedicada a la natación llamada SwimSwam.com (Dressel se recuperó). Stewart aclaró que, a pesar de los riesgos, oler a cloro es como una “medalla de honor” para la mayoría de los nadadores. El otro problema con el cloro es que, aunque puede ser muy efectivo para acabar con los gérmenes, no los elimina de inmediato.

El Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos anunció recientemente que los brotes causados por el parásito cryptosporidium, que causa diarreas, se duplicaron entre 2014 y 2016, con 32 piscinas o parques acuáticos afectados en todo Estados Unidos. Con el fin de protegerse de enfermedades causadas por el agua de la piscina, es importante tomar una ducha antes y después de nadar para eliminar gérmenes y lociones corporales, evitar tragar el agua y no nadar si se sufre de diarrea, recomienda el CDC.

En conclusión, es mucho mejor contar con químicos para la piscina que no tenerlos, y en general estas piscinas son seguras para nadar, especialmente si cuentan con un mantenimiento correcto y están bien ventiladas. Agregue a eso el consejo tradicional que vale la pena repetir: no orine en la piscina.

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