Que el Botox no es sólo para caprichos estéticos ya se venía considerando: incontinencia urinaria, sudoración excesiva, migrañas… En general, muchas enfermedades fruto de un exceso de actividad nerviosa pueden tener, sino un remedio, sí un tratamiento gracias a la aplicación de la toxina botulímica tipo A.

El último ensayo clínico presentado por Allergan, farmacéutica dueña de la marca, confirma su efectividad sobre la migraña crónica. En un estudio realizado sobre 1.300 personas, un 70% de los casos presentó mejoras sustanciales: si estos pacientes sufren cefaleas alrededor de 20 días al mes, tras la aplicación de la toxina las crisis se redujeron a 10 días. Así, de las 300 horas de dolor mensuales, pasaron a ser 150. Esta efectividad, afirma Allergan, ha llevado a que el Ministerio de Sanidad haya aprobado su prescripción dentro del Sistema Nacional de Salud, siempre que los pacientes respondan a otros tratamientos preventivos.

Los expertos explican que el «Botox» facilita el tratamiento al ser compatible con otros fármacos, pues las personas que padecen migraña llevan asociadas otras enfermedades: desde obesidad hasta asma, pasando por hipertensión arterial. «Los pacientes que sufren migraña pueden caer en un consumo indiscriminado de analgésicos, lo que lleva a la cronificación», explicaba ayer Margarita Sánchez del Río, responsable de Cefaleas del Hospital Ruber Internacional. Sin embargo, sólo un 20% recibe un diagnóstico correcto y un tratamiento adecuado, añadió.

Julio Pascual, profesor titular de Neurología del Hospital Universitario Central de Asturias, explicó que la toxina inhibe la acetilcolina, neurotransmisor que, al liberarse, produce la contracción de los músculos.

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