La diferencia horaria entre el lugar de origen y el de destino no es lo único que afecta nuestra salud durante un vuelo.

Otros factores perjudiciales para nuestro organismo son la presión de la cabina de pasajeros, la sequedad del aire o permanecer en la misma posición durante varias horas mientras el niño de detrás empuja y golpea nuestro asiento.

Según especialistas, durante un vuelo de larga duración corremos el riesgo de recibir elevadas dosis de radiación provenientes de los rayos cósmicos. Por ejemplo, en un viaje por aire entre Washington y Pekín la dosis de radiación puede ser muy superior a la habitual, lo que se demuestra muy fácilmente con una fotorradiografía.

Además recomiendan no ir quiero durante el vuelo, pues permanecer durante mucho tiempo en la misma posición causa una deceleración del metabolismo y la digestión, lo que puede provocar acumulación de gases y constipación.

Volar muy a menudo también puede causar trombosis de las venas, una dolencia que causa la muerte de miles de personas cada año. La causa principal de la trombosis es que en los aviones hay muy poco espacio para las piernas. Además, la baja presión de la cabina de pasajeros y la deshidratación también pueden contribuir a la trombosis.

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