Papá Noel, el hombre anciano y rechoncho que visita a los niños de todo el mundo cada 25 de diciembre, tiene un origen santo que actualmente no se mantiene.

San Nicolás de Bari, entregó todos sus bienes a los niños pobres en el año 280 para convertirse en monje y obispo de Myra. Allí nació la leyenda, que fue cambiando por la influencia de poetas, escritores y hasta por la marca de gaseosas Coca-Cola.

Durante la Edad Media, San Nicolás de Bari se volvió una figura fundamental en la religión, especialmente en aquella zona de Italia. El contacto de otras culturas con esta idea, por las condiciones estratégicas de la ciudad, hizo que se propagara la leyenda.

Los holandeses, los comerciantes más ambiciosos y astutos del momento, entablaron una relación tan estrecha con la figura que hasta llegó a convertirse en el patrón de los marineros.

Cuando los holandeses fundaron Nueva Ámsterdam, hoy Manhattan, llevaron consigo sus costumbres y fuertes creencias religiosas, entre las que se hallaba la figura de “Sinterklaas”, la primera derivación del santo original, Nicolás.

En 1809, el escritor Washington Irving quiso plasmar las particulares costumbres de los asentamientos de origen británico-holandeses en el territorio, y publicó el libro La historia de Nueva York según Knickerbocker. En esta obra, San Nicolás sufrió otras deformaciones: se volvió un hombre bajito que arrojaba regalos a los niños desde las chimeneas, mientras volaba sobre caballo mágico.

El hecho de llamar a este personaje “Guardián de Nueva York” hizo que fuera adoptado con cariño por todos los niños de origen inglés.

Luego del libro de Irving, llegó en 1823 un poema anónimo titulado Una visita de San Nicolás, publicado en el diario El Centinela, que tuvo una repercusión transcendental en el imaginario colectivo.

En el texto, San Nicolás era descripto como un hombre que viajaba en su trineo arrastrado por renos y que hacía sonar sus bellas campanas a su paso. Además, en el relato se incluyeron las figuras de los típicos gnomos, asociados en la cultura germánica al castigo o premio para los más chicos, que dependía de su comportamiento. Los regalos, gracias al poema, comenzaron a esperarse en medias (o calcetines).

A fines del siglo XIX, el dibujante alemán Thomas Nast, quien había emigrado a Estados Unidos, publicó en el diario Harper’s Weekly su primer dibujo de Santa Claus, que se caracterizaba por su porte robusto, su prominente barriga y su cinturón negro exageradamente ancho.

El germánico se atrevió a incorporar el muérdago, el abeto en su decoración. Cuando la publicación le dio la posibilidad de incorporar el color, apareció el vivo rojo en sus abrigos, símbolo que hoy representa la Navidad en su máxima expresión.

En 1940, una publicación para niños llamada St. Nicholas tuvo una enorme repercusión. El modelo de San Nicolás difundió fue el creado por Nast.

Esta idea de San Nicolás fue la que adoptaron en Europa, gracias al increíble acogimiento que la figura tenía por parte de los niños. De esta manera, Papá Noel regresó a sus orígenes.

En 1930, una campaña llevada a cabo por la empresa de bebidas azucaradas Coca-Cola fue fundamental para hacer llegar la figura de Santa Claus a todo el mundo.

Gracias a esta iniciativa y a la tradición norteamericana, Papá Noel se despojó de su origen religioso y actualmente tiene una idea de mito ampliamente esparcido en el mundo, librado de credos e ideas personas, según explica el texto Mitos y ritos de la Navidad: origen y significado de las celebraciones navideñas, del periodista catalán Pepe Rodríguez.

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