Los responsables de la central nuclear japonesa de Fukushima se mostraron confiados en que la construcción de un “muro de hielo” subterráneo permitirá controlar los vertidos de agua radiactiva, un costoso e innovador proyecto que ha despertado dudas entre los expertos.

“Es una medida clave para solucionar el problema de los vertidos, y estamos convencidos de que funcionará”, afirmó el miércoles el director de la planta, Akira Ono, al presentar el proyecto a un grupo de periodistas invitados a visitar los trabajos en la accidentada central.

La propietaria de la planta, Tokyo Electric Power Company (TEPCO), ha apostado fuerte por un sistema del que apenas existen precedentes de una escala similar, cuyo coste asciende a 31 mil 900 millones de yenes (230 millones de euros) más mil millones de yenes (7 millones de euros) de mantenimiento anual, financiados por el Estado nipón.

El proyecto consiste en instalar tuberías a una profundidad de hasta 30 metros bajo tierra por las que se inyectará un refrigerante a una temperatura de 40 grados bajo cero, lo que resultará en una congelación de los acuíferos subterráneos en contacto con las canalizaciones.

De este modo, se creará una red subterránea de barras de hielo con una longitud de 1,5 kilómetros en torno a los reactores 1 a 4 de la central, que debería evitar que el agua de los acuíferos penetre hasta el interior de los edificios.

En las obras, cuya finalización se prevé en 2020, trabajan un millar de empleados en duras condiciones, debido a la necesidad de llevar traje antirradiación, gafas protectoras y máscara mientras operan maquinaria pesada con temperaturas que superan los 30 grados y una elevada humedad ambiental.

“Estamos probando métodos muy novedosos que constituyen un reto para los ingenieros”, destacó Ono, quien precisó que el “muro” de agua helada “no resolverá por sí sólo” el problema de los vertidos y deberá acompañarse de “otras medidas”.

TEPCO también tiene en marcha un sistema de bombeo de agua de los acuíferos subterráneos y una línea de procesado de agua contaminada capaz de eliminar la mayoría de los materiales radiactivos, dos métodos que se han visto interrumpidos por varios problemas técnicos.

Todas estas medidas están destinadas a evitar que el líquido altamente radiactivo acumulado en los sótanos de las instalaciones nucleares se mezcle con el agua de los cauces subterráneos y posteriormente se filtre hacia el exterior y termine en el mar.

Se cree que cada día unas 300 toneladas de agua contaminada van a parar al mar a través de los desagües del muelle de la central, lo que constituye “el desafío más urgente que hay que resolver para que la planta sea inofensiva”, según el director.

La eficacia del “muro de hielo”, no obstante, ha sido cuestionada por la Agencia nipona de Regulación de Nuclear (NRA) -un organismo independiente- que dio recientemente un toque de atención a TEPCO por los fallos detectados al emplear un método similar de congelación subterránea para sellar canalizaciones de otra zona de la planta.

Estos problemas se debieron a que las corrientes subterráneas eran más caudalosas, lo que “no será un inconveniente” a la hora de construir el “muro de hielo”, afirmó el director de la central.

Una vez que se consiga controlar los vertidos, el siguiente “gran reto” será el desmantelamiento de la planta, una tarea que se prolongará durante unas cuatro décadas, añadió Ono.

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