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Muere el líder cubano Fidel Castro a los 90 años

El presidente de la isla, Raúl Castro, anunció por televisión estatal la noticia. Repudiado por unos y venerado por otros, el exmandatario cubano será recordado como una de las figuras políticas que más divisiones generó en las Américas.

 

El presidente de la isla, Raúl Castro, anunció por televisión estatal la noticia. Repudiado por unos y venerado por otros, el exmandatario cubano será recordado como una de las figuras políticas que más divisiones generó en las Américas.

Fidel Castro en una intervención en la Universidad de La Habana en septi...
Fidel Castro en una intervención en la Universidad de La Habana en septiembre de 2003 Getty Image

Castro acaparó los titulares de prensa mundiales cuando desfiló con sus guerrilleros victoriosos por las calles de La Habana en enero de 1959.

Cuando cerró los casinos y burdeles más conocidos de La Habana y expulsó la mafia estadounidense, fue aplaudido en su país y en el extranjero por acabar con la corrupta dictadura de Fulgencio Batista, que había sido respaldada por Washington.

Hablando en inglés, aseguró a los estadounidenses: “Sinceramente, no tengo ambición de poder, de dinero, de nada. Sólo de servir a mi país”.

En pocos años transformó a Cuba de una exótica isla tropical en el Caribe, conocida por el blackjack, los burdeles y los boleros, en un estado comunista y en una pieza de ajedrez estratégica en la Guerra Fría con la Unión Soviética. Apenas tres años después de la toma del poder por Castro, Cuba estuvo en el centro de la crisis de los misiles de 1962, que llevó a las superpotencias al borde de la guerra nuclear.

Con su revolución Castro cambió también al sur de Florida, cuando cientos de miles de cubanos abandonaron la isla en un éxodo que continúa en la actualidad.

Mientras era despreciado por los exiliados cubanoestadounidenses por destruir la prosperidad económica de la isla, era admirado por quienes compartían sus principios socialistas de igualdad. Castro inspiró a los revolucionarios de izquierda en todo el mundo, especialmente en América Latina.

Jugó también un papel clave en África, donde los militares cubanos, financiados por la Unión Soviética, intervinieron en las guerras civiles de Angola y Etiopía. Las tropas cubanas habrían ayudado también a terminar el régimen deapartheidde Sudáfrica, de acuerdo con algunos analistas.

Rebelde con causa
Fidel Castro Ruz nació el 16 de agosto de 1926. Su familia vivía en un pueblo azucarero en el este de Cuba controlado por la United Fruit Company, la gigantesca multinacional estadounidense que dominaba la agricultura cubana.

Su padre –Ángel Castro– un duro y autocrático exmilitar de origen español, era dueño de una plantación de azúcar. Castro nació como resultado de una aventura con la criada de la familia, Lina Ruz. Ángel Castro se negó durante años a legitimar a su hijo, aunque más tarde cedió y se casó con Lina.

Fidel Castro era un joven atlético, bendecido con una memoria casi fotográfica y con un feroz deseo de ganar en todo. Cuando terminó la secundaria, la frase que escribió en su anuario decía: “El libro de su vida, sin duda, estará lleno de páginas brillantes”.

Castro mostró especial interés por los líderes fascistas europeos Adolfo Hitler y Benito Mussolini. En el prestigioso Colegio Jesuita de Belén de La Habana, llevaba consigo una edición en español de ‘Mi lucha’, de acuerdo con Georgie Anne Geyer, autor de la biografía de 1991 ‘Guerrilla Prince: The Untold Story of Fidel Castro’. (‘El Príncipe Guerrillero: La Historia No Contada de Fidel Castro’)

Ideológicamente no era un fascista, pero admiraba su oratoria. En particular las diatribas apasionadas de Mussolini, un estilo que dominaría más tarde.

Castro no tenía tiempo para los pasatiempos de sus contemporáneos, a no ser en el campo de los deportes, donde su altura y constitución lo hacían un jugador innato de baloncesto y de béisbol. Se dice que tenía el brazo de un buen lanzador. Pero lo que le gustaba en realidad era hablar de política.

Crecer en un pueblo dominado por la United Fruit lo llevó a la conclusión de que Cuba era víctima de la explotación económica esatdounidense. Su nacionalismo creció en la Universidad de La Habana, un semillero de activismo estudiantil.

En 1948 se casó con Mirta Díaz Balart. El matrimonio duró siete años y de él nació un hijo, Fidel, o Fidelito. Castro tendría luego otros hijos, incluyendo a Alina Fernández, cuya madre era modelo en La Habana.

Mucho más tarde salió a relucir su relación con Dalia Soto del Valle (no está claro si se casaron legalmente), así como la existencia de cinco hijos más: Alexis, Alexander, Alejandro (Castro sentía fascinación por Alejandro el Grande), Antonio y Ángel.

En total, Castro fue padre de al menos 11 hijos según la autora estadounidense Ann Louise Bardach. Cuando Bardach le preguntó en una entrevista para la revistaVanity Fairsi tenía una docena de hijos, Castro respondió: “casi una tribu”.

El apoyo a Fulgencio Batista, el general que tomó el poder en 1952, convirtió al joven Castro en un apasionado crítico de la política exterior de Estados Unidos, a pesar de que siempre dijo profesar una gran admiración por el pueblo estadounidense.

Eran tiempos turbulentos. Trabajando oficialmente como abogado, Castro se involucró en actividades clandestinas, viajando por todo el país en un Chevrolet destartalado y dando discursos anti-Batista.

El atrevido, y mal planeado, ataque al cuartel Moncada en Santiago de Cuba, el 26 de julio de 1953, fue su primer acto de subversión política armada. A pesar de que fue un fracaso total –la mayoría de sus compañeros murieron o fueron capturados– lanzó a Castro a la fama.

El aniversario del ataque al Moncada se celebra cada año como la chispa que encendió la revolución cubana.

En el juicio subsiguiente al ataque, que lo convirtió en una celebridad, pronunció las famosas palabras “La historia me absolverá”. Condenado a 15 años de prisión, cumplió sólo 19 meses antes de ser liberado bajo una amnistía general.

Castro se fue al exilió y regresó a finales de 1956 desde México a bordo de un pequeño yate de 43 pies, el ‘Granma’, con una banda de 82 harapientos rebeldes, que incluía a su hermano menor, Raúl, y a un joven médico argentino llamado Ernesto ‘Che’ Guevara.

Durante los dos años siguientes los hombres de Castro libraron una guerra de guerrillas contra el ejército y la policía de Batista. A pesar de numerosos contratiempos, sus fuerzas crecieron. Castro mostró su genio para la propaganda, haciendo transmisiones regulares desde una estación clandestina de radio que se convirtió en un faro para la causa revolucionaria. La visita del periodista deTheNew York TimesHerbert Matthews a su campamento insurgente en la Sierra Maestra ayudó a crear la imagen de Castro como un revolucionario romántico.

“La personalidad de este hombre es abrumadora”, escribió Matthews en un extenso artículo de primera plana el 27 de febrero de 1957. El periodista quedó cautivado por los encantos del joven rebelde y simpatizó con su causa según Anthony DePalma, autor de un libro sobre Matthews titulado ‘El hombre que se inventó a Fidel’.

Matthews sería más tarde ridiculizado por los medios estadounidenses, lo que hundió su carrera. Por el contrario, Cuba puso en 1997 una placa en el lugar donde se llevó a cabo la entrevista.

Desde su escondite en las montañas, Castro arremetió contra Estados Unidos por apoyar a Batista durante tanto tiempo. “Los estadounidenses pagarán un alto precio por sus acciones”, escribió en una carta a su amiga de confianza, Celia Sánchez. Enviada seis meses antes de que el ejército rebelde marchara sobre La Habana, Castro agregó en la carta, “cuando esta guerra haya terminado comenzará para mí una guerra mucho más larga, la guerra que voy a emprender contra ellos. Me doy cuenta de que este es mi verdadero destino”.

Anti-yankee

No había señales de ese sentimiento cuando Castro hizo su primer viaje a Washington después de la revolución de 1959. Se presentó como un demócrata dedicado, colocando una corona de flores en el monumento a Lincoln y rindiendo homenaje a Thomas Jefferson. Dijo a los periodistas que él no era comunista y que habría libertad de prensa en Cuba, así como prontas elecciones.

Imágenes televisivas en blanco y negro lo mostraron diciendo en un inglés titubeante: “La primera cosa que los dictadores hacen es acabar con la prensa libre, (y) establecer la censura. No hay duda de que una prensa libre es el primer enemigo de la dictadura”.

Pero de vuelta en La Habana, el lado despiadado y autoritario de Castro se hizo pronto evidente. Los verdugos y secuaces de Batista fueron a juicio, pero se trató de una farsa, semejante a los excesos de la Revolución Francesa. Muchos, quizás cientos, fueron enviados al pelotón de fusilamiento.

Los verdaderos objetivos de Castro estaban emergiendo, y miles de cubanos empezaron a llegar en masa a Miami, advirtiendo que Castro se preparaba para entregarle la isla a los comunistas.

En febrero de 1960 Castro voló a Moscú para sostener conversaciones con el líder soviético Nikita Khrushchev. Moscú ofreció defender a Cuba si se unía al bloque comunista. La Unión Soviética también acordó comprar cinco millones de toneladas de azúcar de Cuba por cinco años, así como respaldar a Cuba con aceite, grano y créditos.

Castro culparía más tarde a la agresión de Estados Unidos de obligarlo a caer en brazos de los soviéticos. Estados Unidos estaba, de hecho, entrenando exiliados cubanos y apoyando misiones de sabotaje. Hubo además numerosos intentos de la CIA por asesinar a Castro, incluyendo cigarros explosivos y distintos venenos.

Cuando algunas empresas locales hicieron huelga y cerraron el principal puerto de La Habana, Castro contraatacó con dureza. Nacionalizó todos los bancos estadounidenses y tomó el control estatal de los principales sectores económicos, desde la refinación de petróleo hasta la industria azucarera.

En abril de 1961, la fallida invasión de Cuba por la Bahía de Cochinos, planeada por la CIA, selló el futuro de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos y ratificó a Castro como un héroe, no solo en Cuba sino en todo el Tercer Mundo.

Para restregárselos, Castro anunció en un famoso discurso: “Vamos a hacer de esta una revolución socialista bajo las mismas narices de Estados Unidos”.

Castro vio los lazos con la Unión Soviética desde un punto de vista pragmático. Después de que Estados Unidos impusiera a Cuba un embargo económico en febrero de 1962, Castro necesitaba cualquier apoyo que pudiera conseguir.

La decisión de Rusia de dar marcha atrás durante la crisis de los misiles, en octubre de 1962, parecía una derrota para Castro. Pero no salió con las manos vacías. Estados Unidos se comprometió a no invadir la isla a cambio de que los soviéticos retiraran sus misiles. A partir de entonces Moscú mantendría la economía cubana a flote durante más de tres décadas.

En ese momento, Castro jugó bien sus bazas a nivel internacional. El resto del mundo vio al comunismo cubano como algo diferente al marxismo gris y monolítico de Europa del Este. Cuba era algo así como el leninismo con ritmo latino. A Castro le dieron una lección y era hora de que Estados Unidos se relajara.

Después de todo, el comunismo cubano ofrecía la oportunidad de una vida mejor para la mayoría de los cubanos pobres. Los programas de alfabetización hicieron de Cuba la nación mejor educada en América Latina; la atención médica gratuita la convirtió también en el país más saludable.

Fidel Castro y el escritor colombiano Gabriel García Márquez en una cena...

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