Las dos naves automáticas gemelas de la misión Grail, la Ebb y la Flow, de unos 200 kilos cada una, se estrellaron ayer en una montaña de la Luna, tal y como habían calculado con precisión los responsables de navegación. La montaña, de unos 2,5 kilómetros de altura, está cerca del cráter Goldschmidt próximo al polo Norte lunar. el lugar de impacto ha sido bautizado por la NASa en honor de Sally Ride, la primera estadounidense que salió al espacio, fallecida el pasado mes de julio.  Los artefactos habían recibido la orden de encender sus motores y consumir todo el combustible remanente en sus depósitos unas horas antes de estrellarse para conocer con exactitud el remanente, lo que ayuda a los ingenieros de cara a futuras misiones automáticas. Los impactos, con 20 segundos de intervalo entre el de Ebb y el de Flow, no se pudieron captar en imágenes puesto que se produjeron en zona de sombra, pero las señales se recibieron en la Tierra a través de las antenas de la estación de seguimiento de la NASA en Goldstone (California).

En la sala de control, el final de la operación (transmitida por la NASA en directo a través de Internet) mereció unos tímidos aplausos de celebración por la precisión de ejecución respecto a los cálculos que los especialistas habían hecho. En los monitores se pudo apreciar la trayectoria final de Ebb y Flow casi rozando una elevación del terreno lunar antes de estrellarse en la montaña.

Los expertos de la misión Grail suponen que la mayor parte de los equipos que llevaban las naves gemelas resultarían destruidos en los impactos, y los trozos remanentes habrán quedado enterrados en cráteres poco profundos que se intentarán observar y medir cuando otra nave de la NASA en órbita allí, la Lunar Reconnaissance Orbiter capte y envíe imágenes de la zona dentro de unas semanas.

En el último experimento para conocer el remanente de combustible en cada satélite, Ebb mantuvo los motores encendidos durante cuatro minutos y tres segundos, y Flow, durante cinco minutos y siete segundos, según informó el jefe de la misión David Lehman, del Jet Propulsion Laboratory (California). Estos datos ayudarán a los ingenieros de la NASA a validar los modelos  de ordenador para mejorar las previsiones de necesidad de requisitos de combustible de futuras misiones.

Las Grail se pusieron en órbita lunar a principios de este año y han estado dado vueltas a ese cuerpo celeste (a 55 kilómetros de altura sobre el suelo hasta agosto y a 23 kilómetros desde entonces), una tras otras a 220 kilómetros de distancia máxima entre ellas.Con los datos obtenidos los científicos han trazado un mapa de gran resolución de las variaciones del campo gravitatorio de la Luna, del que se deduce su estructura interna.