El presente de la actriz Florinda Meza no es el mejor. Cuesta creer que la última mujer de Roberto Gómez Bolaños , y una de las protagonistas de la serie El Chavo del 8, hoy se vea obligada a desprenderse de sus bienes para poder sobrevivir. Ella misma, en una reciente aparición en la televisión chilena, confirmó la información: la mansión de Cancún que compartía con su marido y mentor fue puesta a la venta a un valor millonario, pero muy inferior al precio de mercado. “Deseo con toda el alma que aparezca un comprador. La estoy vendiendo inclusive muy barata, casi al costo del terreno”, declaró a la cadena Telemundo.

¿La cifra? Se habla de dos millones de dólares. “Tenemos más de lo que soñamos, pero mucho menos de lo que la gente cree”. Lo decía Roberto Gómez Bolaños. Y hoy lo reafirma Florinda Meza a la hora de reconocer que su lujoso ritmo de vida ya le resulta insostenible. Las voces más extremistas hablan de la quiebra de Doña Florinda, como la llaman todos, como si el nombre de la ficción hubiera pasado de la pantalla a su vida real. No son pocos los que afirman que la lujosa residencia de 1370 metros cuadrados ubicada a metros del mar, no sería el único bien de su actual patrimonio que estaría rematando. La venta de joyas y propiedades menores, y la reducción de su personal de servicio, son algunas de las medidas que habría tomado para que los números no den más en rojo en la alicaída economía doméstica.

Desde la muerte Chespirito, comenzaron los problemas financieros de su viuda. Se habla de una herencia de 15 millones de dólares, cifra no confirmada oficialmente ni por Florinda ni por los hijos que Bolaños tuvo con su primera mujer, a quien Meza siempre respetó.Varias serían las razones de la debacle. Los contratos con Televisa tendrían carácter leonino, con lo cual la actriz no se vería beneficiada con las repeticiones de los programas en todo el continente. Por otra parte, las regalías por el merchandising, generado con los diversos personajes creados por el autor, irían a engrosar, tal como lo estipularía el testamento, las cuentas bancarias de los hijos de Chespirito y no los de su viuda.

Hoy, la actriz vive recluida en su propiedad de México D.F. mientras espera un posible comprador para la mansión de Cancún de la que ya no puede hacerse cargo. Esta casa tiene un costo mensual que excede cuatro veces a la vivienda permanente de Meza en la ciudad. La fastuosa residencia cuenta con piscina, parque y dependencias para el personal de servicio tan lujosas como lo son las de sus propietarios, lo cual habla de la generosidad de la pareja ante sus asistentes. Cada detalle de la propiedad de estilo ecléctico ha sido pensado por Florinda Meza. Los recuerdos agobian a la actriz que se resiste a pasar largas temporadas aquí como lo hacía con su marido en vida. “Cuando teníamos uno o dos días libres, en plena época de grabaciones, nos escapábamos con Roberto a nuestro refugio”, confesó alguna vez. Esa guarida hoy está intacta, impecable, detenida en el tiempo. Y sin la vida que sus dueños le daban cada vez que llegaban para convertirla en el paraíso soñado por ambos. Florinda transcurre algunos días en esta mansión que ya le queda grande. Ni los hijos ni los nietos de Bolaños, a quienes considera como propios, llegan con la asiduidad de antaño. Demasiados metros para una mujer sola que convive con recuerdos y algunos perros de compañía.

Mientras Florinda busca acomodar sus números para salir de la crisis financiera, apuesta a continuar con su carrera artística como medio de evasión y para generar algún tipo de ingreso a sus arcas. A los 67 años, intentó reflotar el personaje de Chimoltrufia como si fuese una youtuber, pero, hasta el momento, el emprendimiento fue un fracaso. La gente añora ver a esa criatura de ficción junto al Chómpiras, que interpretaba Bolaños y no sola y en una plataforma digital. “Mi escritorio está lleno de proyectos, pero no llegan las llamadas de los productores”, se quejó ante la prensa en una reciente aparición pública en su país. Entre sus planes figura la realización de una pieza teatral, con autoría de Bolaños, nada menos que en el circuito mainstream de Nueva York.

La pobreza coyuntural que merodeaba la vecindad del Chavo se hizo realidad en sus protagonistas. Hoy, Carlos Villagrán se gana la vida en los circos con un personaje al que le cambió el nombre, pero viste y se comporta como Quico. María Antonieta de las Nieves (Chilindrina) vive con lo justo ante los gastos siderales en tratamientos médicos para su marido. Rubén Aguirre (el Profesor Jirafales) falleció en un sobrio departamento de Puerto Vallarta sobreviviendo con una pensión jubilatoria y desplazándose en una silla de ruedas. Edgar Vivar (Señor Barriga) vivía de los doblajes cuando su físico se lo permitía. Su by pass gástrico le hizo bajar 100 kilos, pero su salud se vio afectada. Ramón Valdés (Don Ramón) falleció joven. Angelines Fernández murió a los 71 años víctima de un cáncer de pulmón producto de su adicción al tabaco. Sus restos reposan cerca de los de Ramón Valdés, su gran amigo y quien se la presentó a Chespirito.

El programa se dejó de grabar hace más de 20 años. Y con su final, apareció la debacle de todo su elenco casi como un maleficio predestinado para un ciclo que según la revista Forbes le hizo facturar a Televisa alrededor de 1700 millones de dólares, cifra que los hijos de Bolaños desmienten.”La verdadera gran fortuna es para la televisora para la que siempre trabajamos”, dijo Florinda Meza hace algunos días en el set del programa Primer Plano de la televisión chilena.

 

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