Que si “hay que aprender de los errores”. Que si “la culpa ha sido nuestra”. Que si “la falta de concentración es clave”. Mucha literatura, pero práctica poca. Porque tres días después el Madrid se plantó en el Estadio de la Cerámica, el antiguo El Madrigal, con la misma cara paupérrima que exhibió en Mestalla.

Esta vez Bale comenzó de inicio, como Pepe, y el dibujo volvió a ser el típico 4-3-3que se ve con la BBC en el campo. Un sistema que se atraganta cuando enfrente hay un equipo tan serio y bien plantado como el Villarreal. Y tal cual pasó.

La primera ocasión de gol del partido fue de Mario, que con un zapatazo obligó a volar a Keylor para espantarla. También Mario fue el protagonista de la siguiente jugada peligrosa. Aunque en el otro área. Le rebañó la pelota a Cristiano cuando éste se quedaba solo ante Asenjo.

A un lado se veía a un Madrid muy parsimonioso al que le costaba un mundo robar la pelota. La falta de intensidad famosa. Y en el otro lado a un Villarreal mucho más entero, con el colmillo más afilado en las contras.

La grada del estadio de La Cerámica cambió el gesto de media sonrisa por el dominio de los suyos al líder por uno de consternación cuando a la media hora de juego Asenjo levantó la mano y pidió el cambio. Maldita rodilla. Esta vez la izquierda. -Él ya tuvo tres lesiones de gravedad, dos en su rodilla derecha y una en la izquierda-. Unos minutos antes el portero palentino se quedó en el suelo después de una gran parada con su manopla izquierda a tiro de Benzema.

Lejos de venirse abajo el Villarreal, se plantó en el área rival y bombardeó a Keylor Navas. Primero un remate con la testa de Dos Santos. Después una gran jugada de Adrián, que rompió a Carvajal, y cuyo centro tuvo que despejar como pudo Pepe. Y por último, la más clara. Un remate de Samu Castillejo, que la mandó alto con la puerta vacía.

Enfrente había un Madrid totalmente desarbolado con grietas por todos los sitios. Ni Modric daba pie con bolo. La mejor noticia para los blancos es que al descanso se llegó 0-0. La peor, que a la vuelta de vestuarios todo siguió igual.

Pero entonces el Villarreal sí tuvo acierto. Trigueros hizo el primero a los cuatro minutos y a los 11 Bakambu el segundo. Las cosas se pusieron tan oscuras como hace tres días, pero el final fue distinto. Porque el Madrid entonces sí se lo tomó en serio y porque con Isco en el campo, que entró por Casemiro en el minuto 60, los blancos se empezaron a imponer en el centro del campo

A falta de media hora para el final, Cristiano estampó la bola en el palo de la meta de Andrés Fernández y al Villarreal le entró el miedo. Apenas tres minutos después Bale hizo con la testa el primero del Madrid.

El segundo llegó desde el punto de penalti. Una mano de Bruno dentro del área después de un rechace que nadie entendió como el penalti, menos el árbitro. El lío que se montó fue tan morrocotudo en el banquillo de Escribá que terminó con el técnico del Villarreal en la grada. Después de todo el jaleo Cristiano marcó el penalti y puso el empate en el marcador.

Y por último, Morata en el 83 marcó con la testa el tercero, el de la remontada. El que mantiene al Madrid en lo más alto de la tabla, con un punto más que el Barça y con un partido menos.

En horas de la mañana, Barcelona había vencido en el Vicente Calderón 2-1 al Atlético de Madrid.

Los goles catalales los hicieron Rafinha y Lionel Messi y con ese resultado presionaba al Madrid, que finalmente salió bien librado del Madrigal.

 

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